Relato de un náufrago

Autora: Alba María Bermejo Martín
Curso: 1º ESO
IES Almudeyne, Los Palacios y Villafranca (Sevilla)

Esta historia de un marinero que naufraga en medio del mar Caribe sorprende porque supone diez días y diez noches en medio del mar y, lo que una lectora como yo imagina al empezar el libro es que el tipo moriría tarde o temprano. Sin embargo, sobrevive y eso es lo que más me llama la atención. Encima, la historia es real, ocurrió en 1955 entre EEUU y Colombia, pues era un marinero de la Marina de este último país el que protagonizó la aventura. Se llamaba Luis Alejandro Velazco.

Todo fue a causa de unas fuertes olas que arrastraron la carga de contrabando que traían en el barco. Ocho miembros de la tripulación habían caído al agua y solo el protagonista logra alcanzar una balsa que también había caído y sobrevive. Desde el principio trata de ayudar a sus compañeros, pero no lo consiguen y se ahogan.

A partir de ese momento, Luis Alejandro mantiene la esperanza de que lo rescaten el barco o los helicópteros, pero no ocurre ni una cosa ni la otra. Horas después vio al primer animal, ¡¡¡Era un tiburón!!!   Pero solo estuvo un par de horas dando vueltas.

Era su segunda noche, no tenía hambre, pero sí que tenía mucha sed.

Para saber cuántos días llevaba lo contaba con rayas, pero perdió muchas esperanzas ya que se liaba con los meses.

Era el quinto día cuando  se le paró una gaviota joven muy cerca y intentaba cazarla para poder comer algo. Por suerte la alcanzó le rompió el cuello y la descuartizó, se comió un trozo, pero le daba mucho asco con lo que no se la comió, y al final se sintió mal porque la había matado para nada.

Pasaron unos días y acabó perdiendo la esperanza, ya que tenía que arrojar su presa. Empezó a tener problemas ya que un tiburón dio  un salto y entró en la balsa lo mató a golpes dándole con el remo en la cabeza. Aunque le daba mucho asco, el hambre lo superaba y se comió una parte. Se guardó el resto para más tarde, pero otro tiburón de un mordisco, se lo comió.

Después de varios días logró llegar a la orilla, allí se encontró con un hombre y una mujer que iban con un burro, lo montaron en el burro para poder llevarlo hacia alguien que lo ayudara, Luís Alejandro pedía algo de beber o de comida, pero le dijeron que no le daría nada hasta que no lo visitara un médico.

Fue visitado por mucha gente hombres, mujeres, niños…, todos se habían movilizado para verlo. Se hizo un héroe y se hizo muy rico gracias a la publicidad, solo tenía que explicar la historia.

Aunque  muchas personas decían que esa historia era falsa.

La verdad, es que es un libro que se te pasa bastante rápido, no te aburres y se acaba de una forma muy original.

Las aventuras que se narran son realmente interesantes y lo mejor de todo es que creo que es para todas las personas a partir de una cierta edad.

Me ha gustado, pero no me lo volvería a leer otra vez.

 

Relato de un náufrago

Autora: Ana Belén Verano Fernández
Curso: 1º ESO
IES Al Mudeyne, Los Palacios y Villafranca (Sevilla)

No me había leído nunca un libro tan real como el de ¨ el relato de un náufrago¨

García Márquez nunca abandonó el ser periodista, poco después se convirtió en uno de los escritores más famosos del mundo. Aquel primer gran reportaje del náufrago le valió la fama en su país y fuera de él.

El texto se publica primero como reportaje 14 días seguidos en el periódico El espectador, de Bogotá (la capital colombiana) y, a 15 años después, se publica como libro. Se convierte en uno de los libros españoles más vendidos del mundo. Es increíble cómo puede ser interesante un relato que, en principio puede parecer muy aburrido: el de un personaje solo en el mar al que no parece que vaya pasarle nada. Sin embargo contarlo todo tan real hace que el lector se enganche inmediatamente.

El marinero Luis Alejandro Velasco se encontraba al igual que sus compañeros del destructor Caldas, en Mobile que se encuentra en Florida (EE.UU.)  debido a que el barco debía someterse a 8 meses de reparación, un día tras ver  “El motín del Caine”, una película en la que había una gran tormenta, Luis Alejandro decidió que, en cuanto regresara a Cartagena abandonaría la Marina.

El barco zarpó en la madrugada del 24 de febrero, y el marinero no conseguía dormirse debido al miedo que sentía. Durante los primeros días, el marinero había sentido miedo por el tiempo en el Golfo de México, pero el barco se deslizaba con suavidad. Más tarde, el barco empezó a tambalearse cada vez más, y dieron la orden a todo el personal de ir a babor. Allí se acomodaron los marineros, y Luis Alejandro se puso entre la carga para no ser arrastrado por ninguna ola, pero antes de darse cuenta ya estaba en el agua porque precisamente la carga lo había arrastrado.

Desde la balsa, intentó ayudar a sus compañeros, pero no lo consiguió y se terminaron ahogando delante de él. A partir de entonces, el marino se encuentra muy solo, y esa soledad le molesta más que el  hambre y la sed. De hecho, se desespera porque no sabe cuándo lo van a rescatar, y luego porque cree que no lo rescatarán nunca y que nunca alcanzará la costa. Sin embargo, no pierde del todo la esperanza. Y a eso le ayudan las cosas y los detalles que le van ocurriendo, como por ejemplo que las alucinaciones que sufre con un compañero que se le presenta en la balsa, o el hecho de que todos los días, a las cinco en punto de la tarde, aparecieran un montón de tiburones alrededor de la balsa.

Cuando el hambre y la sed aumentan, consigue coger un pescado después de luchar con los tiburones, a uno de los cuales le parte el remo en la cabeza. El pescado fresco le calma la sed y el hambre. Luego, una gaviota pequeña se le posa en la balsa y trata de comérsela, aunque le da lástima al principio porque las gaviotas representan la esperanza y que está cerca la costa. Pero al final la agarra por el cuello, se lo retuerce, la mata y no se la come porque le da asco. Eso le hace sentirse mal otra vez.

Luis Alejandro Velasco agitó su camisa al pasar el avión, pero se dio cuenta de que había pasado demasiado lejos como para verle. El avión pasó, dio la vuelta y se fue por donde había venido. Luego pasó otro, y sucedió lo mismo. Creyó que el tercero sí que le había visto, puesto que pasó cerca y por encima de la balsa dos o tres veces, pero se fue y no volvió. A las cinco llegaron los tiburones, que merodeaban alrededor de la balsa y devoraban peces menores. Entonces él ya tenía sed y hambre. Por la noche, se le apareció un amigo suyo, que le señalaba el puerto y hablaron. El remó hacia donde le señalaba, cuando vio las luces del puerto  su amigo ya no estaba allí y las luces del puerto eran los primeros rayos de sol.

Al tercer día no ocurrió nada en particular. Más tarde perdió la noción del tiempo, ya que, se dio cuenta de que era febrero, que es más corto. Todas las noches veía a su amigo, Jaime Manjares, hablaba un rato con él y se volvía a ir. Una noche vio de lejos un barco, pero desapareció y Luis Alejandro no pudo remar contra la brisa para alcanzarlo. Se encontraba tan agotado, que sentía deseos de morir, pero entonces pensaba en peligros y volvía a tener fuerzas.  Era su quinto día en el mar cuando vio siete gaviotas volando sobre la balsa, lo que le dio nuevas fuerzas. Más tarde se fueron, pero se quedó una pequeña y Luis Alejandro se quedó inmóvil hasta que se acercó a su mano, entonces, la empezó a deslizar. La noche de su séptimo día en el mar, la balsa dio dos vueltas de campana, y en la segunda casi se ahogó, puesto que se había atado al enjaretado para no perder la balsa. Solo se quedó con el remo roto por el tiburón. Cuando amaneció se dio cuenta de que el mar había cambiado de color. Esa mañana vio una gaviota grande y vieja (que no se suelen alejar de tierra) y un montón de gaviotas le acompañaron ese día. Luis Alejandro se puso a examinar el horizonte, como en sus primeros días en el mar; se sentía con renovadas fuerzas.

La noche de su octavo día en el mar no le costó dormirse, pero, al despertar, se volvió a hundir al comprobar el estado en el que se encontraba, y al palpar su cara demacrada. Sentía ganas de morir y además ya no sabía distinguir entre las alucinaciones y lo real. De repente, y sin saber cómo, vio una raíz en medio de la balsa y aunque no le calmó el hambre, el comérsela le dio un poco de esperanza pues se acordó de la historia de Noé, en la que una paloma le trajo una rama de olivo como anuncio de que la tierra estaba próxima.

En mi opinión, el tema de este capítulo es que cuando uno pierde las esperanzas, con ellas se va la ilusión por todo; ya que el hecho de encontrar una raíz en la balsa dos días antes le habría producido una gran felicidad y, sin embargo, Luis Alejandro casi no le da importancia. Esto demuestra que lo que al marinero le había mantenido con vida era la esperanza.

La novena noche fue, para él, la más larga de todas ya que se pasó toda la misma recordando, minuto a minuto, lo que le había pasado desde la caída del destructor. Al amanecer, casi sin fuerzas, miró el horizonte y tuvo un espejismo sobre la tierra. Como él ya lo sabía, tomó el remo roto y se estaban acomodando cuando vio el perfil de la tierra. La balsa avanzaba hacia unos acantilados y decidió tirarse al agua y nadar. A los quince minutos de estar nadando no veía la tierra y le entró miedo por si había sido otra vez un espejismo. Pero había nadado mucho como para regresar a la balsa.

La fuerza de voluntad de Luis Alejandro que, aun estando moribundo, no se rinde y se echa al mar nadando hacia la costa. De nuevo aparecen aquí las alucinaciones y la confusión que consiste en no saber diferenciar claramente lo real de lo que es producto de la imaginación.

La verdad es que yo esperaba otro final, quizás más sorprenderte, con el Gobierno o el ejército del país rescatándolo cerca de la playa, y no como ocurrió, con él en soledad, en medio de ninguna parte, en una playa cualquiera sin nadie que lo conociera siquiera. Sorprende cómo el hombre y la mujer que lo ven al principio no hacen apenas nada, sino que buscan ayuda y él se queda como un trapo en medio de la arena.

Se lo llevaron en avioneta hasta Cartagena de Indias. Una vez allí lo trasladaron al Hospital Naval, en donde no se le permitió la entrada más que a su padre, los médicos y los guardias, un periodista se disfrazó de médico para entrevistarlo.

 

Relato de un náufrago

Autores: Migue Durán y José Antonio Amuedo
Curso: 1º ESO
IES Almudeyne, Los Palacios y Villafranca (Sevilla)

El marinero Luis Alejandro Velasco, se encontraba, al igual que sus compañeros del destructor Caldas, en Mobile, Alabama, debido a que el barco debía someterse a ocho meses de reparación. Un día, tras ver El motín del Caine, una película en la que había una gran tormenta, Luis Alejandro decidió que, en cuanto regresara a Cartagena, abandonaría la Marina. El barco zarpó en la madrugada del veinticuatro de febrero, y el marinero, no conseguía dormirse debido al miedo que sentía.

Durante los primeros días, el marinero había sentido miedo por el tiempo en el Golfo de México, pero el barco se deslizaba con suavidad. Más tarde, el barco empezó a tambalearse cada vez más, y dieron la orden a todo el personal de ir a babor. Allí se acomodaron los marineros, y Luis Alejandro se puso entre la carga para no ser arrastrado por ninguna ola, pero antes de darse cuenta ya estaba en el agua.

Al caer al mar, se agarró a una de las cajas de mercancía que había en el mar. Pensó que el destructor se había hundido, pero luego se dio cuenta de que estaba equivocado. De repente vio en el mar dos balsas, pero una se la llevó una ola y la perdió de vista. Decidió ponerse a nadar para alcanzar la otra y, cuando se subió a la misma vio a cuatro de sus compañeros en el mar, pero desafortunadamente ninguno de ellos logró alcanzar la balsa y se ahogaron. Luis Alejandro pensó que no pasaría mucho tiempo hasta que le fueran a rescatar.

Luis Alejandro pensó que, no tardarían en llegar aviones en su busca y planeó que, cuando llegaran, se pondría de pié y agitaría su camisa. Pero pasó la tarde y por allí no pasó ni una mosca. A las siete anocheció, y se puso a contemplar la Osa Menor y a mirar la hora en su reloj desesperadamente. Se dio cuenta de que la balsa había estado avanzando en línea recta pero creía que lo más probable era que estuviera yendo en dirección contraria a Cartagena. Pasó la larga noche sin dormir y pendiente de su reloj, pero, al amanecer, vio que un avión se dirigía, desde lo lejos, hacia la balsa.

Luis Alejandro Velasco agitó su camisa al pasar el avión, pero se dio cuenta de que había pasado demasiado lejos como para verle. El avión pasó , dio la vuelta y se fue por donde había venido. Luego pasó otro, y sucedió lo mismo. Creyó que el tercero sí que le había visto, puesto que pasó cerca y por encima de la balsa dos o tres veces, pero se fue y no volvió. A las cinco llegaron los tiburones, que merodeaban alrededor de la balsa y devoraban peces menores. Entonces él ya tenía sed y hambre. Por la noche, se le apareció un amigo suyo, que le señalaba el puerto y hablaron. El remó hacia donde le señalaba, cuando vio las luces del puerto, su amigo ya no estaba allí y las luces del puerto eran los primeros rayos de sol.

Al tercer día no ocurrió nada en particular. Más tarde perdió la noción del tiempo, ya que, se dio cuenta de que era febrero, que es más corto. Todas las noches veía a su amigo, Jaime Manjares, hablaba un rato con él y se volvía a ir. Una noche vio de lejos un barco, pero desapareció y Luis Alejandro no pudo remar contra la brisa para alcanzarlo. Se encontraba tan agotado, que sentía deseos de morir, pero entonces pensaba en peligros y volvía a tener fuerzas. Una vez pensó en caníbales y ya no tenía tanto miedo al mar como a la tierra. Era su quinto día en el mar cuando vio siete gaviotas volando sobre la balsa, lo que le dio nuevas fuerzas. Más tarde se fueron, pero se quedó una pequeña y Luis Alejandro se quedó inmóvil hasta que se acercó a su mano, entonces, la empezó a deslizar.

Capturó la gaviota y, cuando la despedazó, se comió (aunque con asco) lo que pudo y luego echó el resto a los tiburones. Esa noche salió la luna y le dio renovadas fuerzas para continuar debido a que su reflejo en el mar parecían luces de barcos. A las 5 de su séptimo día se le ocurrió mascar las tarjetas que le habían dado en un almacén de Mobile y la garganta se le alivió y la boca se le lleno de saliva. Esa noche durmió fenomenal. Se despertó pensando que no sería su último día en el mar, pero de repente vio siete gaviotas; ya era la tercera vez que veía siete y pensó que se habrían perdido y que en lugar de ir acercándose a la costa, se estaba alejando y las siete gaviotas eran siempre las mismas.

Los peces nadaban junto a la balsa en su séptimo día en el mar. Ya no tenía fuerzas ni ganas de llegar a ningún sitio. Decidió tratar de pescar con la mano, pero los peces se escapaban rápidamente de su mano. Su balsa se llenó de tiburones que se daban un festín con los peces. De repente, un pez se metió en la balsa. Luis Alejandro, le golpeó varias veces con el remo hasta que lo mato. Los tiburones golpeaban la balsa debido al olor de la sangre. Con dos mordiscos del pescado, el marinero se sintió satisfecho y cuando fue a lavarlo en el mar un tiburón se lo llevó de un mordisco. Luis Alejandro, enfadado, le propinó un golpe al tiburón con el remo y éste se llevó la mitad de un mordisco.

La noche de su séptimo día en el mar, la balsa dio dos vueltas de campana, y en la segunda casi se ahogó, puesto que se había atado al enjaretado para no perder la balsa. Solo se quedó con el remo roto por el tiburón. Cuando amaneció se dio cuenta de que el mar había cambiado de color. Esa mañana vio una gaviota grande y vieja que no se suelen alejar de tierra. Luis Alejandro se puso a examinar el horizonte, como en sus primeros días en el mar se sentía con renovadas fuerzas.

La noche de su octavo día en el mar no le costó dormirse, pero, al despertar, se volvió a hundir al comprobar el estado en el que se encontraba. Sentía ganas de morir y además ya no sabía distinguir entre las alucinaciones y lo real. De repente, y sin saber cómo, vio una raíz en medio de la balsa y aunque no le calmó el hambre, el comérsela le dio un poco de esperanza.

La novena noche fue, para él, la más larga de todas ya que se pasó toda la misma recordando, minuto a minuto, lo que le había pasado desde la caída del destructor. Al amanecer, casi sin fuerzas, miró el horizonte y tuvo un espejismo sobre la tierra. Como él ya lo sabía, tomó el remo roto y se estaban acomodando cuando vio el perfil de la tierra. La balsa avanzaba hacia unos acantilados y decidió tirarse al agua y nadar. A los quince minutos de estar nadando no veía la tierra y le entró miedo por si había sido otra vez un espejismo. Pero había nadado mucho como para regresar a la balsa.

Tardó un tiempo en ver la tierra, pero cuando lo consiguió, no le cupo la menor duda de que no era un espejismo. Cuando tocó la tierra con los pies, tuvo que clavar manos y rodillas en la arena para llegar a la orilla, puesto que la corriente le empujaba hacia adentro. Esto le costó mucho. A pesar de sus heridas pudo llegar a tierra firme. Buscó desesperadamente el rastro de personas, cuando de repente oyó el ladrido de un perro y más tarde vio a una chica joven, negra. El marinero le pidió ayuda en inglés, pero la muchacha se marchó asustada. Luego apareció un hombre pálido con un burro y un perro, y le dijo que volvería a por él. Luis Alejandro preguntó que en qué lugar estaban y le contestó que en Colombia.

Lo llevaron como en una procesión hasta un hospital y lo atendieron dándole cucharaditas de caldo porque después de llevar tantos días sin comer ni beber era malo para el estómago. Fue entonces cuando se presentaron en el hospital varios periodistas para hacerle una entrevista, pero los médicos, por órdenes del gobierno no lo permitían. Sin embargo uno se disfrazó de médico y consiguió entrevistarlo y que le hiciera unos dibujitos del barco donde iba.

Luis Alejandro se convirtió en famoso y ganó dinero haciendo anuncios de la ropa y zapatos que llevaba. Sin embargo cuando se descubre que el barco traía carga de contrabando, el gobierno lo condena al olvido y el periodista tiene que irse de Colombia antes de que lo encarcelen.

El libro me ha gustado y lo recomiendo a todos los lectores que le gusten leer libros basado en hechos reales. Yo en esa situación estaría asustado.

 

Te esperaré toda mi vida

Autora: Isabel Mª Baliño Herrera
Curso: 2º ESO-A
IES Almudeyne, Los Palacios y Villafranca (Sevilla)

Hola! Me presento. Soy Isabel María, tengo 14 años y me encanta leer.

Desde pequeña me llamó muchísimo la atención que un conjunto de páginas con sentido pudiese formar un mundo nuevo en el que todo lo descubierto fuese poco. Leía libros que a veces no entendía (tipo fantasía) pero me gustaban.

Los que más leía de pequeña, recuerdo que eran los de Gerónimo Stilton, desde ahí descubrí que la lectura y yo íbamos a ser muy buenos amigos.

Pero hoy no me venido a contar mi vida, he venido a deciros sobre un libro que me ha gustado muchísimo. Se llama “Te esperaré toda mi vida”, de Megan Maxwell y lo descubrí una tarde de Julio del pasado 2017. Fui con mi tía y mi prima al centro comercial, y como siempre fui a ver la sección de libros. A mi tía le gusta también leer y quiso comprarme uno que ella ya se había leído. Lo buscamos por todos lados, estantería aquí, estantería allá, y nada, que no lo había. Perdimos la esperanza y fuimos a una tienda de ropa. Al salir, pasamos por la sección de libros otra vez y nos dio por mirar donde ya habíamos mirado, y allí estaba. Fuimos a comprarlo y me lo llevé a casa. Empecé a leerlo aunque no me llamaba mucho la atención al principio, pero no se puede decir nada de un libro hasta que no lo termines, así que seguí.

Me gustó, mejor dicho me encantó, seguí leyendo y cada día tenía más ganas de leer y de saber más cosas. A falta de pocas páginas me sentía un poco, ¿cómo decirlo? No sé, quería terminar y saber el final pero también quería que no terminase.

Ha sido uno de los mejores libros que he leído en mi vida. Lo recomiendo un montón a personas que les guste leer sobre el amor, la comedia, SOÑAR y la amistad.

Os podría contar un poco de cómo va:

Son tres amigas que ganan un viaje a Escocia buscando el hombre de sus sueños y algo increíble las sorprende más de lo que esperaban, se enamoran, conocen una vida totalmente diferente a la que están acostumbradas… Y para saber más me gustaría muchísimo que lo leyeseis y lo disfrutéis como yo lo he hecho.

Os deseo lo mejor queridos lectores.

 

Harry Potter

Autora: María Begines Tirado
Curso: 2° ESO-A
IES Almudeyne, Los Palacios y Villafranca (Sevilla)

Al final, tras darle tantas vueltas, he decidido escribir sobre Harry Potter. Antes de nada, tengo que decir que al principio no sabía si escribir sobre esto. Me eché atrás pensando que iba a ser muy aburrida la idea de escribir sobre ello, ya que al ser una saga tan conocida todo esto puede sonar un poco repetitivo. Pero sentía la necesidad de hacerlo así. Me di cuenta de que por muy repetitivo que fuera el tema, escribiera lo que escribiera, nunca habría otra reseña como esta. Este texto es único. Además, esta saga me ha marcado mucho y no me sentiría bien hablando de otro libro simplemente porque es menos conocido. Ahora sí que sí, empiezo:

Harry Potter es una saga de libros fantásticos mundialmente conocida y creada por la escritora británica Joanne Rowling. No me parece conveniente añadir una sinopsis completa y detallada de la misma ya que poca es la gente que no ha oído hablar de ella. Por eso solo haré un breve resumen:

La saga está compuesta por siete libros. El primero, Harry Potter y La Piedra Filosofal, narra la historia de un chico de 11 años llamado Harry Potter. Harry vive con sus horribles tíos, hasta que un día descubre que es mago y asiste a una escuela de magia llamada Hogwarts, donde hace muchos amigos y le ocurren cuantiosas aventuras.

A continuación, daré mi opinión, la parte más larga de esta reseña, ya que tengo mucho que contar:

Para empezar, he de decir que yo antes detestaba leer, era lo último que haría en el mundo. Sin embargo, hoy en día soy una lectora empedernida. Amo leer, no sé qué haría sin ello. ¿Cómo ocurrió esto, pues? Efectivamente, gracias a Harry Potter.

Todo comenzó un verano, yo tenía 10 años. Era ese momento del verano en el que uno está tan aburrido que no sabe qué hacer, y se le empiezan a ocurrir ideas disparatadas para pasar el tiempo. En mi caso esa idea fue leer. Cogí un libro de la estantería de mi hermano, el primero que vi. Harry Potter y La Piedra Filosofal se titulaba. En ese momento no tenía ni la más remota idea de lo que acababa de hacer. Ese gesto habría cambiado mi vida para siempre.

Recuerdo perfectamente ese momento. Me tumbé en un sofá (odio leer sentada), abrí el libro y comencé a leer. La verdad es que antes de empezarlo no tenía muchas expectativas en él. Estaba segura de que lo iba a dejar en la segunda página. Qué equivocada estaba. Me leí los cuatro primeros capítulos de un tirón, lo cual era un récord para mí en ese momento, teniendo en cuenta lo poco que leía. En ese mismo verano me leí la saga entera. Recuerdo pasar los días enteros leyendo sin parar.

¿Qué por qué cuento toda esto? Porque aunque parezca algo irrelevante, no lo es, y es muy importante para mí.

Me parece fascinante la idea de un mundo mágico, creo que a todos en algún momento nos gustaría estar en uno. Es por eso por lo que tanto disfruto este tipo de relatos. Me hacen dejar atrás todos mis problemas y me meten en la piel de los personajes de tal manera que me olvido de todo lo malo que me ocurre. Y no solo eso, también he experimentado todo tipo de sentimientos leyendo Harry Potter. He reído, he llorado, me he enfadado. Puede parecer una tontería pero no lo es.

Otra de las razones por la cual es muy importante para mí es que consiguió desatar mi imaginación. Recuerdo crear mis propios personajes del mundo mágico e inventarme historias alternativas a lo que realmente ocurría en los libros, y es algo que todavía sigo haciendo.

Por último, siempre diré que para mí Harry Potter fue como un trampolín, ya que me impulsó a leer más e hizo que le diera un voto de confianza a otros libros. No sé cómo hubiera sido mi vida si no hubiera leído otras sagas como Las Crónicas de Narnia.

En conclusión, recomiendo esta saga a todo el mundo, por todos los buenos momentos que me ha hecho pasar. Si no fuera por ella mi vida ahora mismo sería completamente diferente. Sin ella ni siquiera estuviera escribiendo esto ahora mismo. Quizá estuviera escribiendo sobre otro libro, pero este texto en concreto no existiría. Y antes de terminar he de decir lo más importante que ha hecho esta saga en mí: Consiguió sacarme una sonrisa.

Y eso sólo lo hacen las buenas historias.

 

Gerónimo Stilton en el Reino de la Fantasía

Autor: Pedro Álvarez Gómez
Curso: 2° ESO-A
IES Almudeyne, Los Palacios y Villafranca (Sevilla)

Mi libro preferido siempre ha sido Gerónimo Stilton en el Reino de la Fantasía. Mi historia comienza cuando yo tenía 7 años. Yo era un niño como otro cualquiera al que solo le interesaban los juguetes, los videojuegos, la televisión, salir a la calle a jugar etc… Nunca me interesaron mucho los libros hasta que un día mi tío me regaló ese libro, Gerónimo Stilton en el Reino de la Fantasía. Al principio lo ignoré pensando: ”Esto es un rollo”. No fue hasta dos meses después, una tarde que me aburrí mucho empecé a leerlo y me sorprendí bastante. No había sido consciente de lo que me estaba perdiendo. Cuando lo terminé yo quería más y más libros pero mis padres solo me compraban juguetes. Así que ese libro me lo leí muchísimas veces. Luego empecé a leer libros de bibliotecas o que les pedía a mis amigos y familiares. Aunque ya tengo casi 14 años y me atrae otro tipo de lectura más juvenil y no tan infantil, siempre me acordaré de mi primer libro y mi favorito Gerónimo Stilton en el Reino de la Fantasía.

 

Carta de amor a los muertos

Autora: Rosa María Sánchez Martín
Curso: 2º ESO-B
IES Almudeyne, Los Palacios y Villafranca (Sevilla)

Mi libro favorito es Carta de amor a los muertos de Ava Dellaira.

Este libro me hizo congeniar con la protagonista al instante. Lo conocí en de clase de Lengua en una actividad llamada 5×5 con Berta Ocaña. Aunque solo leí en esos 5 minutos unas páginas, sentía que ese libro sería uno de mis preferidos y así fue. Después de esperar una semana en la biblioteca tuve la oportunidad de cogerlo para leerlo. En casa por la tarde, leí 20 páginas y poco a poco me fui sintiendo un poco identificada con los problemas de la protagonista ya que ambas somos adolescentes.

En resumen, se podría decir que Cartas de amor a los muertos es mi libro favorito.

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