La edad de bronce

(colección Jack Sparrow)

Autora: Dolores Villacañas Ortega
Curso: 2º ESO
IES Andrés de Vandelvira, Baeza (Jaén)

Pese a que todo amante de la lectura sabe que es realmente difícil decidir entre tantos libros que le hayan gustado, yo no dudaría tanto. En realidad, mi libro preferido no es uno solo, es una colección completa. Pero como debo elegir solamente uno, diré que es La edad de bronce de la colección Jack Sparrow.

Esta colección nos cuenta qué fue de Jack Sparrow en su vida temprana y qué cosas ocasionaron sus futuras aventuras. En este libro en concreto, él y su tripulación viajan a Yucatán en el golfo de Méjico, para que uno de sus miembros se reúna con su familia. Sin embargo, nada más llegar, desaparece un misterioso y preciado amuleto y ellos se convierten en los sospechosos primordiales.

Para demostrar que son totalmente inocentes, van en su búsqueda, hasta terminar en Nueva Orleans. Allí viven una aventura realmente frenética, donde, tras encontrar el amuleto y descubrir que este convierte en broce todo lo que toca; un marinero empleado de Madame Medianoche, una hermosa pero muy malvada hechicera, les roba el medallón. Esta se hace pasar por una noble mujer que les invita a una «Masquerade» para, supuestamente, deshacerse de ellos. Por suerte, la tripulación descubre su verdadera identidad gracias a un esclavo de Medianoche, que fue dejando pistas para que dieran con ella.

Cuando llegan a la fiesta en busca, una vez más, del medallón, se topan con que todo es una trampa y tienen que vérselas para pelear con montones de personas poseídas y la poderosa Minuit que los controla a todos. Tras hacer que la hechicera cayera en su propia trampa, escapan finalmente de la ciudad de Nueva Orleans, transformándola, por accidente, en plata.

Este libro hace que te adentres por completo en la Edad de Oro de los piratas, en la emoción de las peleas y batallas navales. Meterte en la piel de un polizón, o un aristócrata, un marinero, incluso de un mismísimo bucanero. Sin duda, mi libro preferido es este, junto con los que le siguen. Para mí, una verdadera obra de arte.

 

Pupila de águila

Autora: Isabel Lorite Pérez
Curso: 2º ESO
IES Andrés de Vandelvira, Baeza (Jaén)

Nunca os ha pasado esa sensación tan agradable al oler la página de un libro, o cuando el mismo libro te atrapa y te hace pensar que tú mismo eres el protagonista de tu novela favorita? La lectura, debo decir, es una buena manera de mantener un diálogo con un libro, y además de ser este un obsequio, puede convertirse en un compañero de viaje. Pues esto mismo me ha pasado a mí con la encantadora novela de Alfredo Gómez Cerdá. La describiría como una novela atrayente y atractiva, que simplemente, con su trama, puede hacerte pasar horas y horas leyendo.

Esta maravillosa aventura comienza en la ciudad de Madrid, donde vive Martina, una chica de unos diecisiete años, cuya vida gira en torno a su hermano fallecido Toni. Esta quiere saber por qué se suicidó, o al menos eso es lo que ella cree. Por otra parte nos encontramos al personaje de Igor, un chico de la misma edad que Martina, que tiene muchos problemas con el alcohol y el tabaco y que, debido a ellos, se intenta suicidar ya que piensa que no le importa a nadie. Martina es hospitalizada por un terrible accidente al caer por las escaleras y estando ingresada conoce a Clara, su enfermera. Esa misma noche, Igor también entra hospitalizado por intentar suicidarse y Martina va a su habitación para conocerlo. Es un chico moreno, de ojos penetrantes, pero a la vez caídos y cansados. Martina siente mucha curiosidad ya que ese chico le recuerda mucho a su hermano fallecido anteriormente, pues Igor intentó suicidarse y esto estremece a nuestra protagonista. A pesar de lo ocurrido con Igor, unos días antes de irse; Martina queda en verse con él en la Estación Norte de Madrid.

Cuando llegó ese día, Martina le esperó hasta que llegó y esa tarde les sirvió para conocerse más, hasta que ella se tuvo que ir a estudiar al piso de su difunto hermano. Al día siguiente, Martina e Igor se volvieron a encontrar en la estación, sin haber quedado, y ese mismo día Martina invitó a Igor a que subiera al piso de su hermano. Esta le confesó que su hermano murió, se suicidó. Igor, con cierta curiosidad, encuentra cosas en el piso de Toni que le recuerdan a su antiguo pasado, un pasado donde se encontraba con Jorge Barciela. Igor tenía un grupo de música con sus amigos y fueron a visitar a este señor porque era productor de discos. Cuando por fin consiguieron citarle en sus naves a las afueras de Villalba, se dieron cuenta de que todo era mentira, que lo que hacía este hombre era producir y distribuir películas pornográficas.

Al día siguiente, cuando Martina salió del piso de su hermano, se chocó con un hombre de pelo rizado con bigote y gafas. Parecía agradable, así que sólo respondió con una disculpa, pero, pasada una semana veía a ese señor con más frecuencia y Martina pensó que los estaba siguiendo. Tal vez sería un espía contratado por los padres de Igor para que no hiciera otra locura, y no prestó mucha atención. Igor y Martina deciden ir a Barcisa, donde se encontraba la oficina de Jorge Barciela, con la intención de que hablaran de Toni, pero Mónica, la secretaria, no les deja pasar, hasta que Martina le dice que es la hermana de Toni y de momento la secretaria los conduce a la oficina de Nino Roldán, que les habla de que Jorge Barciela había muerto y que no quería hablar de Toni. Una tarde Igor sigue a Mónica, pues está convencido de que ella sabe algo, pero sus planes se esfuman cuando un hombre lo atropella con su coche.

En conclusión, lo más impactante de este libro es que te sorprende, no sabes lo que va a pasar hasta que tú mismo lo lees, hasta que tú mismo empatizas con el libro. Por cada palabra que lees, es una emoción, un sentimiento que arrastras hasta el final y cuando por fin puedes librarte de esa carga, en palabras de Rubén Darío: «El libro es fuerza, es valor, es alimento; antorcha del pensamiento y manantial del amor».

 

Memorias de una geisha

Autora: Marta Santoyo Garrido
Curso: 2º ESO
IES Andrés de Vandelvira, Baeza (Jaén)

Erase una vez una pequeña niña nacida en un pueblo de pescadores. Allí, en su pequeña casa situada al lado del acantilado, el aire soplaba y corría ferozmente a su lado. Le acompañaba el puro color del océano, como bañado con una turbia sensación de melancolía y puro fruto de la triste verdad de aquellos años 1920. Ese pueblo llamado Yoroiro, se encontraba en Japón. Chiyo era una joven con personalidad, llena de agua y sabio corazón.

No tuvo, desde sus inicios, la mejor vida, ni la peor; aunque su madre enfermara gravemente y por consiguiente muriera. Y su padre, un humilde pescador, vendiera la vida de su hermana Satsu y la de ella en Kyoto. Su vida empezaría en ese momento en que la despojaron de todos sus familiares, de toda su historia; borrándola como la tinta con la lluvia. Y todo es irónico porque lo único que hicieron fue borrar súbitamente todos esos hechos, desmintiendo que ella era de allí y sólo mostrando la bonita fachada de una niña aspirante a geisha (su trabajo era entretener a los hombres en fiestas o banquetes).

Sin embargo, aunque en su okiya (casa antigua japonesa) la vida no fuera fácil, ni sus circunstancias fueran las mejores, en su vida habría personas que se cruzarían dentro de su historia. Mamita, siendo un gran temor para muchos. Tía, una persona buena, pero la vida no la había tratado con la mayor de las gentilezas. Hatsumono, alguien a quien no le importaría pisotear toda esperanza y una famosa geisha de su distrito. Y Calabaza, ella seguramente fuera la más dañada en su vida, teniendo que hacer los mayores esfuerzos para sobrevivir como un pez en una pecera de pirañas; sin embargo su cara infantil añadida a regordeta la hacía no pasar desapercibida. También uno de los mejores hombres que puedas encontrarte, Nobu, alguien que nunca esconderá su opinión y que sufrió en la guerra tras perder el brazo y conseguir esa característica piel de lagarto, como muchos maliciosos objetaban, sin ni siquiera ver lo que ellos mismos tenían en su corazón.

Sinceramente, no hay necesidad de hacer un resumen para explicar que nada le haría pensar a la pequeña Chiyo, que tras sus errores consiguió ser geisha y conocer a la grandísima Mameha bajo su cuidado, llamándola «hermana mayor». Pero todo esto se cruzó en la vida de Chiyo porque ella, a los diez años, lloraba en un puente tras haberse condenado a ser criada toda la vida; allí conoció al ser más maravilloso en el que pensaría  y recordaría hasta morir; este era el Presidente.

Puede que su nombre cambiara a Sayuri tras volverse geisha. Puede que ni tan siquiera su familia, ni sus amistades importen en este cruel juego al que llamamos vida. Al final ella; tras haber pasado la guerra y muchísimos desasosiegos después de haber combatido a las peores personas y haberse ido a los Estados Unidos a vivir en sus años de retirada; ya no correrá río abajo, ni tan siquiera podrá ser vista cambiando de recorrido.

No serviría de nada hacer un resumen más largo… Ya se ha comprendido este libro, que no es ni el más único, ni el más original; tan solo es un libro que cuenta una historia inventada y se basa en meros hechos reales; aunque a su vez todo sea ficticio. Recomiendo este libro, aunque, yendo al hecho de la cuestión, no tengo sentimientos arraigados a este libro; creo que sólo me recuerda que alguien es persona, que puede equivocarse, puede rectificar y también puede sentir. Este libro me ayudó, en parte, a conseguir entender por qué las personas se equivocan y por qué tienen que resistir en las peores situaciones. Simplemente habrá un día en la vida en el que esta misma te despoje de ese título llamado existencia; pero antes de eso te proporcionará aquello por lo que has luchado; incluso las peores personas tendrán lo que han dado, recibiendo aquello que la vida tiene que dar. Por supuesto, la vida da algo y depende de tus acciones si esto será bueno o malo.

 

Brújulas que buscan sonrisas perdidas

Autora: Paloma Moreno Melgar
Curso: 2º ESO
IES Andrés de Vandelvira, Baeza (Jaén)

Brújulas que buscan sonrisas perdidas… os preguntaréis que por qué este libro, ¿no? Esa respuesta es sencilla, se describe en una palabra: intensidad.

Albert Espinosa nos deja entrar en su historia de una forma deliciosa. Aparte de ser mi libro favorito, Brújulas que buscan sonrisas perdidas, también fue el libro que me abrió las puertas hacia el inmenso e impresionante mundo de la lectura. Habla sobre un muchacho cuya vida era aceptable, casado con dos hijas, un trabajo y una razón por la que vivir. Pero todo cambia, es ese el momento por el cual no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes, o como me gusta decir a mí: hasta que llega la distancia.

Este protagonista no contaba con que un día se despertaría con su mujer a su lado y se acostaría sin ella. Como estaréis pensando, sí, tuvo un accidente de coche en el cual iban también sus hijas gemelas. Ella, en cuanto tuvo el accidente, lo llamó por teléfono, diciendo perdón y que no llegaría a tiempo. ¿Adónde?, se preguntó él. Al momento todo cobró sentido, esa puñalada que sintió en el pecho le contó todo lo que él más temía. Llegó al hospital y le confirmaron lo que tanto le preocupaba: su mujer había muerto. Pero, ¿y las gemelas? Sobrevivieron, aunque tuvo que buscarlas.

A nuestro protagonista de repente se le vino el mundo encima y su vida empezó a ser un dolor del cual no sabía cómo salir. Lo que estaba haciendo era sobrevivir, pero ¿por qué sobrevivir cuando puedes vivir?

Su madre también murió cuando solo era un crío y empezó a perder la relación con sus hermanos y con su padre, con el que nunca se había llevado bien. Pero un día lo llaman diciéndole que su padre estaba cayendo en una enfermedad, que iba a morir y que tenía que ir a cuidarlo. No quería, pero entonces pensó en lo que le dijo a su madre antes de morir, le prometió cuidar de su padre (lo normal, cuando un ser querido se está muriendo, le prometes todo…)

Déjate llevar por Albert Espinosa y sumérgete en su mundo, donde lo material es secundario y la vida lo principal; donde puedes despertar de tu burbuja y empezar a valorar las cosas de las que no te dabas cuenta. Porque, recuerda, la vida está compuesta por pequeñas cosas.