¡No me gustaba leer!

Autor: Juan Jesús Luna Marín
Curso: 1º ESO-A
IES Miguel Crespo, Fernán Núñez, (Córdoba)

Carlos, amigo mío, han pasado más de dos meses desde que mi abuelo falleció. Me gustaría compartir contigo la última conversación mantenida con él:

—Abuelo, estoy harto de que en clase o en casa, siempre haya alguien intentando convencerme para que lea libros y es que, abuelo, a mí no me gusta leer y jamás me gustará.

— Tienes toda la razón. A mí me pasa lo mismo. ¿Quieres mejor que te cuente unas historias que me sucedieron hace mucho tiempo, Javier?

—Vale, mientras que no sean cuentos, perfecto.

—No, hazme caso, te aseguro que ocurrieron en realidad. Escucha: Cuando yo tenía algo más de 15 años decidí lanzarme a la exploración, por lo que me embarqué de polizón en un barco y partí en busca de aventuras. Después de dos días navegando, una tormenta hundió la nave.

Perdí el conocimiento y cuando desperté, me sorprendí mucho. Escuchaba unas vocecitas a mi alrededor, pero no podía ver a nadie. Luego intenté moverme y no lo conseguí. ¡Estaba atado!

Al abrir los ojos pude observar a unas personitas diminutas que me miraban asombradas.  Cuando se dieron cuenta de que yo no era peligroso me desataron y pude vivir una  temporada junto a ellos.

Poco a poco y con su ayuda, construí una balsa de madera con la que decidí cruzar el mar.

—Sorprendente abuelo, cuéntame más por favor.

—Sin darme cuenta, el mar se había convertido en un río enorme por donde circulaban gigantescos barcos de vapor que se impulsaban mediante una rueda giratoria parecida a un molino de agua.

—¿Tú estuviste en el Misisipi?

—Como lo oyes.

—¿Y no conociste a nadie durante tu largo viaje?

—Un día de entre las cañas de la orilla apareció un joven de color. Parecía muy asustado y con la voz entrecortada me dijo que se llamaba Huckleberry. Me acerqué a él, pero grito: ¡Escapa, por lo que más quieras!

—¿Qué le pasaba, abuelo?

— Al parecer le perseguía un ser malvado, un  terrible vampiro, ¡Drácula!

—¿Y tú qué hiciste?

—Obvio, salir corriendo. Pero algo me impedía moverme velozmente. Me había salido una enorme barriga. Suerte que encontré un burro y pude escapar de allí. Cuando parecía que ya había pasado el peligro, pude observar unos enormes y horrorosos gigantes.

—¿Gigantes?, ¿en el Misisipi?

—No, ahora me encontraba en un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme.

—Abuelo, creo que te estás quedando conmigo.

—Pues si te digo la verdad, no, en realidad yo he viajado por todos estos lugares, de una forma que ni te imaginas.

—Dime el secreto, por favor.

—¡Leyendo libros!, ¡leyendo muchos libros!

—Abuelo, ¿sabes una cosa?, me he dado cuenta de que durante todos estos años he perdido la oportunidad de viajar y vivir aventuras. Muy pronto te diré cuál es mi libro preferido. ¡Ya lo verás!

—Esas fueron las últimas palabras que tuve con él. A los pocos días murió y ya no pude decirle cual era mi libro preferido.

—¡Vaya, Javier, que historia más alucinante! Y ahora, de amigo a amigo, ¿Cuál es tu libro preferido?

Omnia, de Laura Gallego. ¡Léetelo! Esa sí que es una historia alucinante.

 

Con los pelos de punta

Autor: Martín Montilla Marín
Curso: 1º ESO-A
IES Miguel Crespo, Fernán Núñez, Córdoba)

Uy… mi libro favorito! ¡Cuántos recuerdos me evocan esas palabras! Me viene a la mente ese momento en el que me decía mi abuela que íbamos a leer juntos un libro. En ese instante, me volvía loco y me iba derecho a su regazo, para acurrucarme en sus acogedores brazos y escuchar su cálida voz. Todo comenzaba cuando me acariciaba con cuidado mi pequeña tez y nos sumergíamos en un mundo de sensaciones.

En mi pequeña imaginación yo aparecía en una plataforma en la que un diminuto animal, llamado Taz, de la mítica serie Los Looney Toons me explicaba lo que iba a suceder en ese capítulo. Después me introducía en un agujero de vistosos colores y ya estaba dentro del capítulo hasta que, al final, aparecía una bandera con los típicos colores blanco y negro, que indicaba el final.

Como de costumbre, era sábado y llegaba a casa de mi abuela. Me animó a sentarme junto a ella y nos disponíamos a leer juntos un libro. Metido de lleno en el relato, solo bastó un par de sus caricias tiernas y caí profundamente dormido.

De repente aparecí en la plataforma en la que Taz me esperaba, preparado para contarme el capítulo que tocaba ese día. El libro se titulaba Con los pelos de punta.

Muy entusiasmado y seguro de mí mismo, me dirigí al agujero colorido y…»CATAPUNNN». De repente, aparecí en el salón de la familia y, por supuesto, no podían faltar los dos protagonistas: Manuel, y su loco abuelo Federico. Estos, como de costumbre, estaban, »liándola parda». Decidí acercarme a ellos, porque su función era contarme de qué iba el capítulo, aunque a su especial y diferente manera…

Pusimos rumbo hacia su apartamento, que pertenecía al hotel más lujoso de Mallorca donde habían decidido ir de vacaciones. Tras cruzar las bellísimas zonas verdes con flores que parecían una cascada de arcoiris, llegamos al interior del hotel.

Como estaba muy cansado, me tumbé en la cama y me quedé dormido. Al despertarme quedé anonadado: Federico y Manuel habían convertido el hotel en un aquapark. Otra de sus ideas espeluznantes, aunque en el fondo era divertida.

Dispuesto a pasar un día estupendo, primero me inserté en el jacuzzi. Pasé por todos los toboganes hasta que, por último, me dispuse a tirarme por el kamikaze. Cogí una gran velocidad, pero, para mi sorpresa, me esperaba la bandera al final del tobogán. Un poco angustiado intenté esquivarla, pero iba »a velocidad Ferrari». De repente aparecí en la plataforma en la cual me esperaba Taz.

—Lo siento —añadió—. No te han explicado de qué va el capítulo, pero seguro que sabes que trata de una familia loquísima y fuera de lo normal.

Un poco triste me dirigí de nuevo hacia el agujero, el cual me tragó sin pensarlo.

—Despierta, Martín, despierta —exclamaba mi abuela—. Es hora de que vuelvas a tu casa. Me marché pensativo y algo confuso, pero lo que sí tenía claro es que ya me volvían aquellas ganas impresionantes de comenzar el siguiente capítulo y, sobre todo, el deseo de volver a estar junto a mi abuela.

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