La Mansión Dax

Autor: Iván Jiménez Martín
Curso: 1º ESO D
IES Clara Campoamor, Peligros (Granada)

Mi instituto me ha conseguido dar un auténtico regalo de sentimientos. Aunque alguien diga que ese regalo consista solamente en unas cuantas hojas con palabras enrevesadas o sencillas, yo comparto unas emocionas que puede que esa persona no entienda si no descubre la magia de las palabras. Este libro llegó a mí gracias a que mi profesora de Lengua me lo recomendó, además me dijo que debía leerme Oliver Twist y El Conde de Montecristo, después de acabarlo. Yo al principio no entendía por qué me hacía esa recomendación y tenía que leerme los tres, pero cuando los acabé lo comprendí. El autor de La Mansión Dax, César Mallorquí, un celebérrimo autor debo decir (hijo, según me dijo mi profesora, del escritor José Mallorquí, autor de El Coyote), se ha basado en estas dos novelas, Oliver Twist, de Charles Dickens, en él se basa para el principio de la historia, ya que en ambas historias los protagonistas son huérfanos, ambos van a un orfanato, del que los dos no echan muchas rosas, y ambos entran en grupos de ladrones. El Conde de Montecristo, de Alejandro Dumas, influye en este libro porque es una historia de venganza, de traición y de amor.

He leído ambos libros, y me han atrapado y he visto las influencias, pero creo que Mallorquí ha sido capaz de adaptarlo a las calles de Madrid y darle un toque más moderno y afilado, cosa que me gusta bastante. Este magnífico libro también me enamora por cómo me enganché en cuanto lo empecé. Aún recuerdo aquel viernes por la noche, el momento en el que estaba ya harto de estudiar, decidí tomarme mi tila, pero a mi estilo, es decir, leyendo. Porque es que a mi leer me relaja, me lleva de viaje y me ayuda a hacer amigos. Si la gente piensa que los videojuegos son lo mismo, vivir una aventura siendo otra persona, no lo niego, pero los juegos son para mí menos profundos, al contrario que la lectura, que suma palabras a tu mente y la enriquece y la dispara en múltiples direcciones. Ya saben el dicho, el saber no ocupa lugar. Y yo aquella noche, cuando vi que llevaba ya una hora leyendo y estaba con un ojo cerrado y el otro de camino, me dio mucha lástima, porque acababa de empezar aquella historia, y con la primera página, ya estaba tan enganchado como un perro atado, si se me permite la expresión. Me acosté pensando que ocurriría después, reflexionando sobre lo ocurrido y pensando cómo se le había ocurrido a Mallorquí una historia tan jugosa. Y así me dormí, pensando en Alejo y en su vida llena de acción.

Alejo es el protagonista entre otros muchos secundarios, y cada uno con peculiaridades sorprendentes. Alejo vivía solo con su madre, una mujer un tanto desgraciada que, como muchas noches, salió de casa dejando a su hijo solo. Pero aquella noche fue distinta, porque no volvió. Unos policías entraron en la casa de Alejo, eran de esos policías «malas pulgas, y comunicaron con total frialdad que la madre del chaval había sido encontrada muerta en la calle por exceso de alcohol. Alejo era huérfano, y eso significaba que le tocaba el orfanato como nuevo hogar. Pero al cabo de unos meses, Alejo se hartó de aquel lugar, era muy monótono y lo trataban mal. Así que se fugó.

Hasta aquí el relato trae tristeza, rabia, riesgo y aventura. Pero Alejo no sabía lo que le esperaba. Viviendo en la calle, no le quedaba otra cosa que alimentarse de los desperdicios de otras personas, que encontraba en el contenedor, y evitar a la policía, ya que si le encontraban lo devolverían al antro que era aquel orfanato. Pasó el tiempo en la calle y allí, primero vio sufrir, luego aprendió a sufrir y finalmente sufrió. Hasta que uno de esos días horrorosos en la calle conoció a una pandilla de chavales callejeros con edades muy variadas. Los chicos le contaron que para ganarse la vida en la calle lo que hacían era dedicarse al humillante oficio de carteristas. Antes de seguir con el relato, quiero comentar que yo al principio, antes de leer el libro, creía que este oficio era repugnante, pero después de leerlo me he dado cuenta de que los carteristas son unos auténticos artistas. Ahora, continúo: A Alejo la idea de ser carterista le pareció su única esperanza, así que se unió a ellos. Esta pandilla robaba de una manera muy peculiar, por ejemplo, se acercaban a un puesto de fruta la mitad de la pandilla, y la otra se quedaba vigilando alguna aparición de la policía. La otra mitad, mandaba a un chico a que fuera al puesto y robara la fruta. Al hacer esto, salía corriendo y evidentemente, el trabajador salía detrás de él para recuperar su fruta y así el resto de chicos aprovechaba para acercarse al puesto y robar toda la fruta que sus manos pudieran coger. También, evidentemente, como eran carteristas, robaban carteras. Lo hacían en plazas repletas de gente, y robaban a la gente que pareciera de buena compostura. Al cabo de los años Alejo mejoró y sus manos cada vez eran más hábiles, hasta que se convirtió en el mejor de la pandilla. Pero un día, fue a robar a un hombre, como a los que les había quitado la cartera, cuando justo en el momento en el que escapaba con la cartera, el hombre robado le agarró hábilmente de la mano, reteniéndolo. El hombre muy cordialmente se presentó como Honesto Juan y le dijo a Alejo que lo había estado observando durante mucho tiempo, y que era un muy buen carterista. Alejo se quedó impresionado, aquel hombre lo había tratado como si él no le hubiera robado nada. También le dijo que dirigía una especie de sociedad de carteristas serios, y no novatos como la pandilla callejera de Alejo, y le ofreció unirse a ella. Alejo, en ese momento no sabía las aventuras, amistades, amores y llantos que le esperaban. Pero me alegro enormemente de que el insensato de Alejo decidiera unirse a Honesto y su sociedad, porque si no lo llega a hacer, yo no hubiera conocido a Mrs. Cascabeles, a Rebeca o al señor Dax.

Así he conocido una historia que me gustaría recrear en la vida real, pero por el momento, me conformo con recordar cada noche a Alejo, y tener esa sensación de adrenalina cada vez que pienso que soy yo el que siento los nervios o vivo las aventuras de este rico personaje. Así que animo a toda la gente de todas las edades y de todos los gustos a leer este libro, que mezcla todos los sentimientos posibles, y los convierte en una sensación parecida a la gloria. Y después de La Mansion Dax, que no se conformen y lean otros libros de César como La estrategia del parásito, El último trabajo del señor Luna o El maestro oscuro. Así que acabo mi libro preferido diciendo que nunca olvidaré a Alejo y que me esperan muchas aventuras, sólo tengo que abrir un libro y empezará el viaje.

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