El Lazarillo de Tormes

Autor: Jesús de la Cuadra García
Curso: 2º ESO-A
IES Alixar, Castilleja de la Cuesta (Sevilla)

Escribir sobre el libro que más me ha gustado es como si me preguntaran a quién quiero más, si a mi padre o a mi Smartphone. Hay tantos libros que me han gustado que, tener que elegir, se me hace muy, pero que muy complicado. Entresaco ahora uno, al azar, que me ha gustado muchísimo, el Lazarillo de Tormes. Este genial libro lo conocí gracias a mi profesor de Lengua de 1º de la ESO, don Carmelo, que me aconsejó iniciarme en la lectura de libros clásicos de Literatura. Cuando comencé a leerlo, me impresionaron dos cosas: que un chico de tan poca edad tuviera que pasar por aquellas condiciones tan tristes y que, hace unos pocos siglos, la vida de las personas tuviera tan poco valor. Aquella versión infantil, que fue la primera que leí, me gustó tanto que, en cuanto tuve un poco de tiempo libre, rebusqué por la biblioteca de casa hasta dar con el auténtico Lazarillo de Tormes, sin cortes ni adaptaciones, ¡puf!: el castellano de la época, para un niño de 12 años, le parecía a mi padre bastante atrevido para que me pusiera a leerlo, pero yo ignoré sus recomendaciones y lo puse en mi mesita de noche, junto al diccionario, y, hala, me sumergí de nuevo en su lectura.

Las aventuras que le ocurren a Lázaro, el protagonista, y cómo se busca la vida siendo un niño, me parecieron y me sigue pareciendo un asunto fascinante. La novela describe un mundo de pobreza y miseria donde la niñez no tiene valor ninguno, pero todo con tono simpático y cierto grado de humor. Algunos capítulos son muy divertidos aunque estén relatando cosas tan serias como que algunos personajes se mueren de hambre.

El personaje principal tenía, además, muy mala suerte. Su padre había sido ladrón, del que quedó huérfano muy joven, siendo abandonado por su madre en manos de un ciego que se dedicaba a mendigar. Su amo era muy avaricioso y lo mataba de hambre, así que Lázaro se las tiene que ingeniar para sobrevivir. Aprende muchos trucos para engañarle y salir adelante.

El episodio que mejor recuerdo me trae y que más me gustó del libro tanto por ser muy divertido como por la intriga que crea, es aquel en el que Lázaro intenta robar a uno de sus amos, el clérigo, que lo mataba también de hambre. El amo tenía un arcón donde guardaba el pan, que era casi su única comida diaria. Lázaro por las noches se dedicaba a comérselo a escondidas y le hacía creer a su señor que eran los ratones. El cura puso trampas para cazarlos, pero no caía ninguno, así que empezó a sospechar del chaval. Hasta que una noche lo descubrió, le pegó una gran paliza y lo expulsó de su casa.

A otro amo lo engañaba con el vino. A la jarra donde lo guardaba su señor, le hizo un agujero y lo tapó con cera. Cuando quería beber, lo acercaba al fuego disimuladamente y aprovechaba para bebérselo.

En todo momento vemos cómo, a pesar de su juventud, Lázaro tiene que esquivar las dificultades de la vida con su ingenio y astucia, y lo mal que lo pasa en muchas ocasiones. Después de toda una vida de sufrimientos, la narración acaba bien: se casa con una criada y consigue terminar viviendo cómodamente.

¿Qué más puedo decir? Pues que el libro se disfruta. Hay veces en que las descripciones están tan bien hechas que te entra hambre como al personaje, sufres y te pones nervioso con sólo imaginarte lo mal que lo está pasando. Aquí, mi familia piensa que estoy un poco loco, al oírme reír y hablar solo, con las cosas tan simpáticas que transmite.

¡Lástima no tener referencias del autor de este relato tan… real, como la vida misma!

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