IES Concha Méndez Cuesta (Torremolinos, Málaga) 2021

Invisible

Nombre: Lucía Romero Ternero
Curso: 1º ESO
Centro: IES Concha Méndez Cuesta (Torremolinos, Málaga)

¡Buenas! Mi nombre es Lucía Romero Ternero, de 1ºF ESO en el instituto IES Concha Méndez Cuesta, Málaga. Más que por el mero reconocimiento, quiero concursar aquí para intentar abrir los ojos a tanta gente como sea posible. Un tema del que ya no se habla, porque dicen que está muy visto, pero por eso mismo tal vez no somos capaces de ver más atrás de un rostro o de una foto, así de fácil nos convertimos en monstruos. A veces no hay que hacer nada para ser uno de ellos.

Voy a participar junto a un libro llamado ‘Invisible’, de Eloy Moreno. Digo junto a él, ya que si no lo hubiera leído hace un par de años, no pensaría de la misma forma. No sería la misma. Tantas emociones en tan pocas páginas… Aspiro a ser como este autor en un futuro. Admiro su manera de expresarse y de darle vida a las cosas que ni nos paramos a ver, porque al final en eso consiste la vida. Todos se fijan en la portada, en el físico, en el poder. Y las pocas personas que realmente merecen la pena son aquellas que ven lo que hay detrás de esas portadas. Fijarse en lo que hay detrás de las personas porque a lo mejor algo bonito después no nos parece tan bonito.

‘Invisible’ es un libro que apenas te ocupa toda la mano, tal vez soy pequeña y aún no soy buena para expresarme demasiado, pero algo de lo que estoy segura es de que tiene sentimientos, tiene una portada con colores tristes. No soy capaz de contar las veces que lo he abrazado como si quisiera calmar la tristeza que lleva dentro. Este libro describe a todos los personajes de tal manera que sientes que es tu propia vida, enseña los diferentes puntos de vista de cada persona como si lo hubieran escrito ellos mismos o te lo estuvieran contando a ti.

Un chico invisible sin nombre está en la cama de un hospital cualquiera, en el que colma el silencio, mientras cada cierto corto tiempo siente elefantes en el pecho, seguidos de un largo pitido. El espera a que acabe la noche para que mañana se repita el mismo día de hoy, y el siguiente, y el siguiente.

Mientras tanto, en una casa no muy lejos de allí está Kiri, la niña de las cien pulseras, con mucho que expresar, pero tal vez le faltaban palabras, o tal vez no tiene valor para

expresar aquello que siente por el chico invisible, pero ya era tarde. Y Zaro, el chico de la cicatriz en la ceja. Se conocían desde hace años y está tan confundido… han cambiado tanto las cosas que no quiere arriesgarse a hacer una pregunta indebida. Pensaba que las cosas se sanarían con el tiempo, pero ya era tarde.

Gracias a ellos pudo haberse parado todo, un simple aviso, una sonrisa, una mirada.. Algo que le hiciera saber que él no estaba solo y que juntos, iban a salir adelante. Pero eso fue antes de hacerse invisible. Saben que él tampoco se atreve a contarlo, ¿un niño avispa?, ¿respirar bajo el agua?, ¿monstruos?, ¿cómo que invisible? Muchas preguntas, además, pensarían que está loco.

Todo en torno a “antes de ser invisible”; “después de ser invisible” esto cambió todo en la mente del chico, del protagonista, ya que para no perderse más se puso la excusa, un poder que lo sacaba de allí, su única salida era la imaginación, de que nadie lo veía cuando en realidad la mayoría lo hacía.

¿Qué tan cruel es el ser humano? solo pensamos en nosotros mismos cuando alguien que tenemos al lado no puede con su vida. Este chico, antes de ser invisible, tenía una vida parecida a la de muchos de nosotros, pero todo empezó cuando el chico de los nueve dedos y medio, que se quita el peso de todo con aquel accidente, que le dejó aquella cicatriz en el pecho, se sentó por casualidad detrás de él, del chico que después sería invisible. Tal vez todo hubiera cambiado si hubiera recibido una palabra distinta.

Pero qué esperaríamos de un chico consentido por sus padres, ya que estos se sienten culpables y por culpa de aquel accidente ninguno de ellos ha sido padre realmente. Sin ganas de estudiar, qué más dará, ha repetido ya dos veces, tiene que pasar de curso sí o sí, lo que es el sistema educativo…

El chico más listo de la clase no le había dejado las respuestas de un examen, a él. Respetado por todos, o más bien temido. Un no como respuesta para él no era válido, y esa simple palabra, que para él significaba tanto, un chico “con poder” siendo “humillado” delante de toda su clase.

Eso hizo que el chico de los nueve dedos y medio le hiciera la vida imposible al chico que poco a poco desaparecía. Cada día su profesora se iba dando cuenta del cambio de aquel niño. Sus notas cambiaban, había tizas y bolígrafos en el suelo, antes en la espalda de aquel chaval. Mientras tanto, su dragón, un dragón de tinta que permanecía quieto en su espalda pero con sus ojos observando todo lo que ocurría, estaba apretando sus cicatrices para que actuara ya. Veía como nadie hacía caso, nadie veía como le perseguían cada día hasta llegar a casa, nadie veía cuando le tiraron el bocadillo al suelo, ese bocadillo en el que estaba marcada toda su vida, el esfuerzo de sus padres cada mañana para salir a trabajar, su padre se iba un poco antes, su madre unos minutos más tarde. Ella llevaba a su hermana Luna y el chico invisible salía para ir a la escuela sin ser visto, pero otra vez volvían a grabar para perseguirle, ella miraba a los abusones y ellos se marchaban.

Su única salida fue pensar que él era invisible y por eso todas las personas que había a su alrededor no le ayudaban. La profesora le seguía siempre y veía su lugar secreto. Una parada de tren en la que a la hora exacta en la que venía el tren, chillaba con todas sus fuerzas para desahogarse y así no ser escuchado.

En una pared escribía con tiza las personas que no le habían visto.

“La madre de Carla y Carla.”

“Kiri.”

“El señor con bigote que pasó por el parque.”

“Mis compañeros Pedro, María y Elena.”

Cada día la profesora escribía una palabra para darle un pequeño significado entre toda la clase. Un día escribió la palabra “cobarde” y explicó que el cobarde es el fuerte que demuestra su fuerza con el débil.

Un día, en el parque el chico invisible se sentó a hablar junto a ella. De alguna manera

estaban conectados. Ella le enseñó el dragón de su espalda, él le contó todos sus poderes. Pero un día al dar la clase dando a entender que iba a utilizar toda la hora para una palabra en concreto, empezó a escribir la palabra “invisible” cuando se dio cuenta de que ese mismo alumno no estaba allí.

El dragón que llevaba en su espalda volvió a cobrar vida, toda la furia que llevaba dentro salió al exterior, y se fue corriendo a buscar al chico invisible. Este chico estaba dudando de sí mismo, no sabía si la gente lo veía o no y entonces se saltó la escuela y fue hacia su sitio secreto. Escribía en la pizarra mientras se pasaba la hora y sin pensarlo, se lanzó hacia las vías sabiendo que faltaban segundos y que estaba entre la vida y la muerte. Quería salir de allí pero no podía, estaba inmóvil. Así que toda su vida pasó delante de él durante un instante. Intentó pensar en momentos felices para que le diera algún impulso y salir de allí pero ninguno era lo bastante fuerte. Mientras, una profesora corre a apenas unos metros de la vía del tren, el dragón vuela hacia él pero sabe que es tarde.

El chico invisible ve una luz que cada vez se hace más grande, su recuerdo feliz, más fuerte es el de su hermana pequeña Luna, ella nunca lo dejó de ver, y siempre estaba con el chico invisible. Recuerda las historias que le contaba cuando había lluvia en un día como hoy, “el niño con el universo en la espalda” o “el niño al que nadie quería.” El tren hizo sonar su silbato y él se dio cuenta de que no era invisible, tal vez era la lluvia la que hacía que su silueta se viera.

El dragón se inundó de ira al contemplar a aquel niño en el suelo, a metros de las vías

que acababa de salir volando de allí. Atropellado por un tren. La profesora lo llevó corriendo al hospital. Todo había acabado.

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