‘Mi libro preferido’ Andalucía, Ceuta y Melilla
13ª edición / 2025-2026
En esta página se recopila toda la información relacionada con la 13ª edición de ‘Mi libro preferido’ Andalucía, Ceuta y Melilla.
Ganadores 2026
Ganadores de la modalidad textual (1º y 2º de ESO):
- Alberto Pabón Sánchez. 1º ESO. IES Diego Angulo (Valverde del Camino, Huelva). “La historia interminable”.
- Paloma Merino Selma. 2º ESO. IES Mar de Cádiz (El Puerto de Santa María, Cádiz). “Releasing 10”.
- Noor Mohamed Abdelmalik. 2º ESO. IES Abyla (Ceuta). “Divergente”.
- Gonzalo García Almanzar. 2º ESO. Colegio La Salle Felipe Benito (Sevilla). “Platero y yo”.
Ganadores de la modalidad textual (3º y 4º de ESO):
- Candela Toajas Barbecho. 3º ESO. Colegio Pozo Nuevo (Rota, Cádiz). “El amor en los tiempos del cólera”.
- Pedro Pozo Castro. 4º ESO. IES Velázquez (Sevilla). “El Paraiso perdido”.
- Lucía Martínez Chillón. 4º ESO. IES La Sagra (Huéscar, Granada). “Hierba mora”.
- Lucía Vallejo Merino. 4º ESO. IES Emilio Prados (Málaga). “Sur”.
Ganadores de la modalidad pódcast:
- Celia Mendoza Vázquez. 4º ESO. IES Medina Azahara (Córdoba). “La ladrona de libros”.
- Antonio Oliver Rodríguez Estévez. 4º ESO. IES Pablo Picasso (Málaga). “Capa, espada y micro: el Tenorio revive en la radio”.
Ganadores Beca Escuela de Escritores y Escritoras:
- Alberto Pabón Sánchez. 1º ESO. IES Diego Angulo (Valverde del Camino, Huelva). “La historia interminable”.
- Candela Toajas Barbecho. 3º ESO. Colegio Pozo Nuevo (Rota, Cádiz). “El amor en los tiempos del cólera”.
- Pedro Pozo Castro. 4º ESO. IES Velázquez (Sevilla). “El Paraíso perdido”.
Galería fotográfica
Así fue la gala de entrega de premios de la XIII edición de ‘Mi libro preferido’ Andalucía, Ceuta y Melilla.
Textos premiados
La historia interminable
Nombre: Alberto Pabón Sánchez
Curso: 1º ESO
Centro: IES Diego Angulo (Valverde del Camino, Huelva)
He elegido este libro por varios motivos. Motivos que no solo me han hecho disfrutar de una emocionante y apasionante historia, sino que además, me han hecho reflexionar, me han inspirado y me he dado cuenta de lo bien escrito que está este libro. Y es que a mí siempre me ha gustado escribir y, cuando leo un buen libro, me ayuda a saber cómo escriben los grandes escritores. Pero este libro está a otro nivel.
Algo que valoro mucho de los libros son los sentimientos y emociones que el autor transmite al lector. Al leerlo, por una parte, sentí mucha curiosidad en la parte en la que hablaban de qué pasaría si Bastian se quedara en Fantasia, y es que aunque explicaban lo que sucedería, me quedé con las ganas de ver cómo Bastian acabaría en la Ciudad de los Antiguos Emperadores.
También sentí miedo, ya que me puse en el lugar de Bastian y en cómo me sentiría si hubiese robado el libro de la Historia Interminable y me hubiese escondido en el desván del colegio.
Además sentí mucha lástima por Bastian, porque nunca me había imaginado cómo sería ser el típico chico menos popular y sin amigos del colegio.
Por último me hizo reflexionar, porque a mí me encantan los mapas y la geografía. Por eso me sorprendió mucho que Fantasia no tuviese fronteras. ¿Cómo sería un mundo así? ¿Y cómo es posible que dependiendo de tu ánimo vayas de un lugar a otro? ¿Cómo se vería Fantasia desde el espacio? ¡Supongo que a veces la imaginación es la única forma de saberlo!
Algo que también me gusta de los libros es que proporcione alguna enseñanza. Por ejemplo, aquí nos enseña cómo la gente se vuelve egoísta al tener un poder absoluto, como le pasó a Bastian cuando se hizo emperador.
También nos enseña a ser buenas personas, como Atreyu. Él era responsable y siempre velaba por el bien común y no por el suyo propio. Por ello creo, que en la realidad deberíamos preocuparnos más a menudo por el interés común y no solo centrarnos en el propio.
Así que este libro no solo nos da enseñanzas; también se relaciona con el mundo real. Y es que si lo pensamos, vivimos en un mundo muy egoísta y lleno de conflictos y guerras. ¡La Historia Interminable debería servirnos para reflexionar!
Cambiando de tema, me encanta cómo escribe el autor. Y es que como he dicho, yo he escrito un par de libros, y admiro mucho a los autores cuando leo sus libros, por su forma de escribir. ¡Es impresionante! Parece increíble que con pocas cosas puedan escribir una historia tan larga. Esto mismo pasa en La Historia Interminable. No sé cómo lo haría, pero siempre que parece que se va a acabar la historia, resulta que todavía continúa. Cuando iba por la mitad del libro, en el momento en el que Bastian salvaba Fantasia, yo pensé que ahí acabaría la historia. Entonces cerré el libro, ¡y me di cuenta que todavía iba por la mitad!
También me encantó el hecho de que el libro tuviese varios colores. Me pareció una forma muy original de diferenciar la historia del libro en sí con el mundo real.
Me gustaría destacar algunos personajes. Bastian, por ejemplo, es alguien al que podemos encontrar perfectamente en la vida real, como dije antes, y por eso entendí perfectamente su situación. Pero lo que más me gustó de él fue, que a pesar de parecer débil, se atrevió a entrar en Fantasia e hizo grandes hazañas que no creo que yo hubiese logrado, a pesar de tener el Esplendor.
Sin embargo, creo que yo también puedo ser valiente y sacar fuerzas de donde no hay para lograr algo que parezca imposible. ¡Todos somos valientes si tenemos fuerza de voluntad!
Una escena que me llamó bastante la atención fue la parte de la Casa del Cambio, y es que Doña Aiuola me recordó bastante a mi madre, que siempre me trata con cariño y como si fuese más pequeño de lo que soy. Me sentí bastante identificado con Bastian en ese momento, sobre todo al recordar que Bastian perdió a su madre.
Volviendo al autor, quiero decir que lo que más me llamó la atención de su forma de escribir es su imaginación. Y es que por muy impronunciables o extravagantes que sean los nombres de los personajes, ¡siempre suenan bien! Pero no solo los nombres, sino que las descripciones en general también son increíbles. ¿A quién iba a ocurrírsele que los seres más feos de Fantasia, los Ayayai, pudiesen construir la ciudad Amarganz, hecha de una preciosa plata? ¡Pues a Michael Ende! De verdad, no sé cómo una persona puede tener tanta imaginación. ¡Me encantaría escribir libros así algún día!
Debo decir que el final del libro fue… sorprendente. No me lo esperaba. Lo cierto es que tampoco tenía nada pensado. Porque veía cómo se acababan las páginas y la historia no se cerraba nunca. Hasta que resultó que la clave para salir de Fantasia era el Auryn. Lo cierto es que yo estoy acostumbrado a finales más emocionantes, como una batalla final o algo así, pero este tipo de final también es muy interesante, y encajó a la perfección con el libro.
Por último me gustaría decir que este libro se lo recomiendo a todo aquel que esté enamorado de la lectura y que le gusten las historias de aventura y que parecen infinitas, porque creo que se va a sentir muy identificado con Bastian. También quiero aclarar que, además de leerme el libro, he visto la película, y para mi desgracia vi la película antes que el libro, que es mucho peor. De verdad, que no tiene nada que ver con el libro. Me sorprendió muchísimo cuando leí el libro, porque la película solo llegaba hasta la mitad de este. Aunque, si en realidad es una historia infinita, ¿no sería divertido ver el libro completo de la Historia Interminable? ¡Me gustaría robarle el libro al Viejo de la Montaña Errante!
En conclusión estoy muy satisfecho con el libro y lo cierto es que acabas leyéndotelo en un par de días sin darte cuenta. ¡Me pasó como a Bastian!
Releasing 10
Nombre: Paloma Merino Selma
Curso: 2º ESO
Centro: IES Mar de Cádiz (El Puerto de Santa María, Cádiz)
«Él es el monstruo» Tan breve como desgarradora, la afirmación se erige como la concluyente revelación de una niña que, durante años, vivió horrorizada por aparentes pesadillas nocturnas en las que era abusada por una temible entidad; tormentos que no nacían de su imaginación, emergían de una realidad distorsionada.
Esta estremecedora premisa constituye el núcleo de Releasing 10, una obra que trasciende el relato superficial para adentrarse en lo más profundo de la psicología humana. Sin limitarse meramente a narrar una historia de sufrimiento, el texto desvela, con una crudeza devastadora, la fragilidad infantil frente a comportamientos abusivos, donde la figura que debería actuar como garante de la protección es el origen de la agresión. A ello se suma la presencia de un temprano trastorno bipolar, cuyo deterioro emocional, agravado por el efecto de la medicación, deriva en un vivir confuso y fragmentado.
La lectura de Releasing 10 provoca una conmoción emocional que persiste incluso tras haber cerrado sus páginas. Domina al lector una sensación constante de desasosiego, una angustia asfixiante que crece a medida que la inocencia de la protagonista se va fracturando bajo el peso de una realidad incomprensible. No obstante, junto a ese dolor latente florece también una extraña ternura, la de una infancia que, incluso en su distorsión, busca desesperadamente sentido, refugio, amor. La obra no solo genera melancolía, sino también una abrumadora sensación de impotencia, junto a una profunda reflexión sobre la vulnerabilidad humana y la forma en que la mente de un infante trata de navegar por lo inasumible, recurriendo a mecanismos que rozan lo onírico.
La narración manifiesta una idea tan inquietante como necesaria: la acusada debilidad de la infancia y la facilidad con la que su estabilidad interna puede quebrarse. Asimismo, el relato visibiliza una realidad silenciada, aquella que permanece oculta tras la ilusoria normalidad y que, sin embargo, es sufrida por innumerables menores sin que el entorno llegue a percibirlo. Esta capacidad para revelar lo invisible y suscitar una honda identificación emocional convierte la obra en una pieza literaria especialmente indicada para personas con una sensibilidad aguda, capaces de comprender la magnitud del daño psicológico y de conectar con la faceta más íntima del sufrimiento ajeno. No se trata de un texto ligero, sino de una experiencia que exige implicación afectiva y disposición para enfrentarse a verdades incómodas.
La autora, Chloe Walsh, construye un universo narrativo donde la dureza del tema se equilibra con una expresión profundamente introspectiva, como si la propia estructura reprodujera un pensamiento en constante división. Su manera de narrar, sugerente y llena de matices implícitos, evita la exposición directa y abre paso a una lectura más compleja y abierta. En este entramado, las figuras que aparecen en la historia se proyectan más allá de su función inicial, convirtiéndose en reflejos de las vivencias más dolorosas de la propia escritora, obligando así al lector a reconstruir su pasado, dándole a su vez mayor profundidad al conjunto.
Entre los aspectos más destacables de la obra, resulta especialmente significativa la forma en que, incluso en medio de la adversidad y la indiferencia, la protagonista busca refugio en el amor, hallando en él un significante alivio frente al caos emocional que la rodea. Este elemento introduce un contraste especialmente humano dentro del relato, al mostrar cómo, incluso en contextos de extrema fragilidad, la necesidad de afecto se convierte en un mecanismo de contención del dolor. Asimismo, cabe subrayar la claridad con la que la autora combina la introspección con una narración accesible, logrando transmitir una profunda complejidad psicológica sin perder cohesión ni sensibilidad en el discurso.
En definitiva, Releasing 10 se presenta como una obra profundamente perturbadora y reveladora, que obliga al lector a sumergirse en las zonas más oscuras de la experiencia humana. A través de una narración íntima, la autora no solo expone el dolor de una infancia tóxica, sino que también invita a reflexionar sobre el silencio, la incomprensión y la invisibilidad que rodean muchas formas de abuso. Su impacto no reside únicamente en lo que cuenta, sino en lo que deja tras su lectura: una inquietud persistente y una mayor conciencia sobre la fragilidad de quienes aún no poseen las herramientas para defenderse ni comprender aquello que los hiere.
Divergente: el libro que me enseñó a ser valiente
Nombre: Noor Mohamed Abdelmalik
Curso: 2º ESO
Centro: IES Abyla (Ceuta)
Mi libro favorito es Divergente, no solo porque me impactó desde el primer instante, sino porque llegó a mi vida justo cuando más lo necesitaba. Además, fue el libro que me hizo leer por placer y no solo por obligación.
Me gusta cómo las situaciones cambian de forma rápida e inesperada. También contiene muchas reflexiones que me han ayudado a cambiar y a superar obstáculos. En el transcurso del texto, aparecen pequeñas frases con enseñanzas que se repiten en mi mente constantemente, por ejemplo: “El miedo no desaparece, solo aprendes a vivir con él”.
Lo elegí porque despertó en mí emociones que ninguna otra obra había conseguido. No solo es una lectura emocionante, sino que también transmite valores importantes como el coraje, la lealtad, la amistad, la responsabilidad y, sobre todo, la empatía. Aunque las personas se separan por facciones, al final nos enseña a respetarnos entre nosotros. En España, y más concretamente en Ceuta, no es muy conocido entre los jóvenes, lo cual me parece una pena, ya que a mí me ayudó a seguir adelante en un momento difícil.
Se trata de una novela de ciencia ficción, un género que normalmente no es mi favorito. Sin embargo, me sorprendió mucho, ya que leí el primero en cinco días, el segundo en tres y el tercero en dos. Lo que más me atrae es la trama; es una aventura que mantiene el interés hasta el final. Además, hay dos personajes que tienen una conexión muy especial.
La protagonista es mi mayor inspiración, puesto que me enseñó que ser fuerte no significa no tener miedo, sino enfrentarlo. Tris es un ejemplo por su valentía y su fuerza, y representa la superación personal. Ella sufre una gran presión por parte de su familia a la hora de tomar decisiones importantes, pero aun así se mantiene firme. Ama profundamente a su familia, hasta el punto de dar la vida por la persona que más quiere. Esto demuestra su gran corazón: una parte bondadosa que muchos podrían considerar débil y otra parte fuerte. A lo largo de la narración se muestra que, en muchas ocasiones, es más fácil aparentar ser alguien distinto que mostrarse tal como uno es realmente.
Es diferente a otros libros que he leído porque no es solo una historia de ficción; es una representación de la vida real a través de una historia. Trata temas como la presión familiar, la dificultad de tomar decisiones, la influencia de la sociedad y de las personas que nos rodean. Asimismo, habla sobre la importancia de no rendirse y aborda el tema del acoso.
Esta idea, aunque no aparece de forma explícita, me marcó mucho: “El miedo no te corta las alas, sino que te las abre”. El libro enseña que no es necesario ser igual que los demás para encajar, sino que es mejor ser uno mismo y destacar por lo que eres. También refleja que muchas veces a las personas no les gusta lo diferente. Esto ocurre porque sienten miedo hacia lo desconocido, pero antes de juzgar algo o a alguien como peligroso, es necesario conocerlo.
En la trama también se muestra cómo la información puede manipularse, especialmente a través de los medios, lo que nos hace reflexionar sobre que no todo lo que vemos o escuchamos es completamente cierto. Muchas veces creemos las cosas sin comprobarlas.
Una de las escenas me recordó a una experiencia personal. Es el momento en el cual la protagonista tiene que lanzarse al vacío mientras otros la insultan y la menosprecian. Yo viví una situación parecida. En ese momento, me sentía como Tris, pero sin su valentía. Escuchaba comentarios y susurros de otras personas sobre mí, y eso me afectaba.
Yo ya conocía la saga por la película y me gustaba mucho. Más tarde, mi madre me regaló el libro.
Cuando lo leí, me impactó profundamente. Gracias a su apoyo y, sobre todo, al mensaje de Divergente, decidí afrontar mis miedos.
Decidí hablar y contar lo que estaba ocurriendo a mi madre y a mi profesora. Fue un año difícil, pero logré superarlo. Hoy puedo decir que esa experiencia me hizo más fuerte. El libro contiene otra frase que considero muy importante: “Tenemos una sola vida, ¿por qué no ser valientes?”
Me gustaría que mi experiencia pudiera ayudar a otros niños y niñas que estén pasando por lo mismo. Quiero que sepan que es una etapa que se puede superar y que, con el tiempo, encontrarán personas mejores. Lo más importante es hablarlo y buscar apoyo en quienes realmente se preocupan por nosotros, como la familia o los profesores. Con el tiempo, nos damos cuenta de nuestro verdadero valor y comprendemos que muchas de esas situaciones no reflejan quienes somos, sino las inseguridades de los demás.
Si algo me ha enseñado Divergente es esto: no permitir que el juicio de los demás sea más fuerte que nuestra propia voz. La vida es un solo instante y hay que vivirla con coraje, aunque el miedo nos acompañe.
Porque el miedo no está para detenernos, sino para avisarnos de que estamos a punto de crecer. Equivocarse no es fracasar, es avanzar.
Platero y yo
Nombre: Gonzalo García Almanzar
Curso: 2º ESO
Centro: La Salle Felipe Benito (Sevilla)
Muchas veces cuando nos acercamos a un clásico como Platero y yo, cometemos el error de pensar que es un relato sencillo, casi ingenuo. Pero tras leer a Juan Ramón Jiménez te das cuenta de que la figura del burro es solo un pretexto. Platero en realidad es el refugio de un hombre que observa el mundo que no siempre le gusta, un mundo lleno de contraste entre belleza y la naturaleza y aspereza de la realidad humana.
Lo que más me ha hecho reflexionar sobre este libro es que te muestra la realidad tal y cómo es. Es una colección de fotos de la vida real de un pueblo andaluz, Moguer. Platero no es solo una mascota, es el único amigo de un hombre que se siente solo. A veces leemos sobre paisajes preciosos, pero otras veces Juan Ramón nos da un golpe de realidad: habla de niños pobres, de la crueldad de la gente, de cómo a veces el mundo es feo y gris.
Me ha hecho pensar que, aunque el libro tiene más de 100 años, la soledad y la necesidad de tener a alguien que nos escuche sin juzgarnos, como hacía Platero, es algo que todos sentimos hoy en día, aunque lo ocultemos tras una pantalla.
Hay un punto súper importante en el libro que es la muerte de Platero. No se narra de forma dramática o exagerada, sino con una aceptación casi poética. Esa es la idea del cielo de papel. Me parece una de las metáforas más potentes de la literatura: lo que amamos solo sobrevive si somos capaces de darle un lugar en nuestra memoria o en nuestras palabras.
Esto me ha llevado a pensar en la fragilidad que nos rodea. A veces vivimos tan rápido que se nos olvida apreciar lo que es ‘pequeño, peludo y suave’, es decir, los detalles que realmente dan sentido a nuestra vida día a día y que cuando desaparecen dejan un vacío que solo la nostalgia puede llenar.
La muerte de Platero también me hizo reflexionar otra cosa súper importante que a veces no nos damos cuenta en la vida: en la vida, aunque tengamos muchos problemas, la vida continúa y si no continuamos con ella y seguimos a su ritmo, al final nos pilla. Es complicado en muchos momentos difíciles, pero hay que seguir adelante y siempre hay que verlo con esa perspectiva que ve Juan Ramón Jiménez. Ve una perspectiva más, digamos, nostálgica, pero muy bonita y muy real, debido a que ante cualquier problema, aunque en este caso sea un fallecimiento como es el de Platero, nos podemos dar cuenta de que en nuestra memoria seguirán estando y que siempre estarán con nosotros si nosotros creemos en ellos.
Claro, en definitiva, Platero y yo no es solo un libro sobre un animal o muchas frases con trasfondo; al final, digamos que es como una manera de vida. Siempre hay que mirar las cosas de distintas maneras y darnos cuenta de las pequeñas acciones que nos hacen los demás y agradecerle, porque no sabemos en qué momento podemos llegar a perderlo. Y, sobre todo, darnos cuenta de las personas que nos quieren, aunque parezca que no hagan nada por nosotros, hacen pequeños detalles.
Y para finalizar me gustaría dar una pequeña reflexión que he tenido sobre el libro, digamos, una pequeña conclusión: y podríamos decir que al final todos somos un poco Juan Ramón Jiménez, personas que buscamos desesperadamente a alguien que nos escuche, aunque esa persona no diga ni una sola palabra. Quizás también el problema es que hoy tenemos demasiadas conexiones, pero nos falta el silencio de Platero para entender quiénes somos de verdad.
Aunque si lo pensamos, Platero no murió en aquel capítulo. Platero murió el día que dejamos de mirar el mundo con la misma ternura con la que él miraba a su dueño.
Muchas Gracias por leer esto.
El amor en tiempos del cólera
Nombre: Candela Toajas Barbecho
Curso: 3º ESO
Centro: Colegio Pozo Nuevo (Rota, Cádiz)
Nunca he creído demasiado en el amor de ahora, por lo menos no en ese que aparece rápido y desaparece con tanta facilidad como si nunca hubiera existido. Es un amor ligero, sin peso, es decir, se comprende como si sentir demasiado fuera una debilidad o como si quedarse o esperar fuera perder el tiempo. Y, cuando leí El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez, algo cambió silenciosamente sobre mi forma de ver esto.
No fue una emoción clara. No lloré como en otras historias,ni sentí esa felicidad fácil de los finales felices que podemos leer en cualquier libro, fue algo más, que me dejó pensando, que cambió mi manera de pensar. Porque este libro no nos habla del amor como lo cuentan la mayoría de los libros románticos. Habla de un amor que se equivoca, que dura demasiado y que se transforma con el tiempo a pesar de ser imperfecto…y aún así sigue existiendo
Hay algo en esta historia que no se deja escapar: el tiempo. Todo ocurre despacio, con una lentitud que al principio llega a ser casi desesperante, pero esa lentitud no es casual. Es necesaria. Porque no está contando un amor que dura un momento, como los actuales, ni una historia concreta, sino un amor que dura una vida entera. Y en esa vida, el amor no es ni constante ni perfecto y mucho menos lógico. Y eso llegó a desconcertarme mucho. Nos podríamos preguntar: ¿Qué es amar>?
Florentino parece tener una respuesta muy clara. Permanece, espera, insiste. Pero su forma de amar no es limpia, ni ideal, ni si quiera incluso admirable en muchos momentos. Hay algo en él que incomoda, que hace dudar. No es el típico personaje con el que sea fácil identificarse, pero, sin embargo, tampoco se puede rechazar del todo, porque representa algo que ya no existe: la permanencia, y la lucha por un amor casi imposible.
Fermina, en cambio parece avanzar. Su forma de amar cambia, madura. No se queda atrapada en una idea. Ella vive, decide, se equivoca, pero continúa. Hay algo en ella mucho más real y cercano, y quizá, por eso, resulta más fácil entenderla, incluso cuando sus decisiones no coinciden con lo que espera de una historia de amor.
Las relaciones no son ideales, ni creo que busquen serlo: se construyen, se rompen, se enfrían, se reconstruyen. Hay rutina, hay errores y silencios, pero también hay algo que se queda, aunque no siempre sea evidente.
Ahí es donde la historia empieza a chocar con la realidad actual. Porque ahora todo parece ser más simple o al menos más rápido. Las relaciones empiezan y terminan sin dejar espacio para ese tiempo de complejidad. Nadie espera. Nadie insiste demasiado. Nadie se queda cuando deja de ser fácil. Y de repente el libro plantea lo contrario: que el amor puede durar más que una vida entera, aunque no sea perfecto, ni sea constante, aunque no siempre sea feliz.
El estilo en el que está escrito refuerza todo esto. No permite avanzar deprisa, no deja leer sin detenerse. Cada detalle, cada descripción y cada momento parece alargarse más de lo necesario, como si te obligara a seguir leyendo. No es una historia que se consuma, es una historia que se atraviesa.
Hay escenas que se te quedan no por lo que ocurre, si no por lo que significan después. Una declaración que llega demasiado tarde, una vez que parece que ya no tiene sentido. Un reencuentro que no es como se esperaba. Y, sobre todo, ese viaje final que no da la sensación de que sea el cierre de la historia. Yo lo describiría como una especie de suspensión, como tres puntos en lugar de un punto y final. Un lugar donde dejan de importar el tiempo, el mundo que queda fuera y el amor ya no tiene que justificarse.
El final no cierra nada, no da respuestas, ni asegura nada. Y quizá es por eso tan difícil de olvidar. Porque no dice que todo vaya a estar bien, ni que el amor sea suficiente, ni que exista un “para siempre” claro. Solo muestra una decisión que los dos pueden tomar: seguir. Seguir sin garantías, certezas ni sabiendo cuánto durará. Y eso, si lo piensas, en el fondo es lo más desconcertante.
Porque después de leer este libro, ya no es tan fácil creer en el amor como algo simple. Ya no te van a convencer las historias rápidas, ni los sentimientos inmediatos. Todo parece un poco más superficial, mucho más frágil como si faltara algo que antes ni siquiera llegaba a cuestionarme.
No sé exactamente qué me ha enseñado este libro, porque no lo identificaría como una lección clara que se puede aplicar como una norma, como una duda que se queda. La sensación de que el amor no es como se piensa, ni como se vive ahora, ni siquiera como se desea.
Y a lo mejor lo raro es que no se si eso es algo bueno. Porque si amar de verdad implica tiempo, errores, espera, contradicciones…entonces no es fácil. No es bonito en todo el tiempo. No es algo que encaje con la forma en la que vivimos ahora. Pero aún así, después de todo, sigue siendo imposible de ignorar.
Y creo que por eso mismo este libro es mi favorito, porque demuestra que no da respuestas mas bien las rompe. No porque explique lo que es el amor, mas bien porque lo complica y eso es lo real. Por esa razón recomendaría leer este libro a cualquier persona.
Y después de todo, desde entonces, nada que parezca demasiado sencilla consigue parecerme del todo real.
Paraíso Perdido
Nombre: Pedro Pozo Castro
Grupo: 4º ESO
Centro: IES Velázquez (Sevilla)
Paraíso Perdido de John Milton es un conjunto de épicas, escritas en el siglo XVII, que narran la caída y tentación del humano, resultante en la perdición de la retribución divina innata que, acorde a las creencias cristianas, poseían Adán y Eva antes de sucumbir al Árbol de la Ciencia a causa de la serpiente o Lucifer (“Of man’s flrst disobedience,’ and the fruit Of that forbidden tree, whose mortal taste brought death into the world, and all our woe, With loss of Eden”). La ortodoxia y rigidez estructural que puede llegar a transmitir un texto cómo tal es, al fin y al cabo, tediosa, uno pierde el interés al oír tanta parafernalia académica enlazada a la teología, el caso es que la situación que asume Satán en su rebelión no es más, descomprimiéndolo de su carácter didáctico de la falsa fe, que la transición hacia la adolescencia. La figura del demonio presente hace clara la oposición hacia el plan despótico que asume Dios hacia sus creaciones, actuar acorde a su moral y visión ideológica con incentivos de bendición o castigo, Satán desea poseer una independencia de este ente que valora como tirano, llegando a maldecirle por haberle creado a su semejanza, además de demoler toda obediencia anteriormente jurada, irrumpe la eterna fidelidad de manera radical, que le lleva a su abandono. Tomando una aproximación filosófica del desarrollo de la mente adolescente ante las figuras de autoridad y la independencia de voluntad y pensamiento, podemos servirnos de la representación simbólica que implementa Nietzsche: los tres estados del alma. En resumidas cuentas, las dos iniciales fases de nuestra concepción del mundo son dispares en comportamiento, el camello siendo la primera etapa se fundamenta en la obediencia, ya que el camello se reclina ante su amo y obedece ciegamente. Esta fase se suele asociar a la infancia, la obediencia por la predominancia del “Yo debo” en la psique del infante, ahora, al pasar por el desierto (Nietzsche se sirve aquí de la metáfora del camino de la vida) el camello alcanza un nuevo estado, el león. El león es la epifanía de la rebelión, roe al “yo debo” fuera de la mente de la persona y procede a desafiar a la autoridad como principio de proclamar su independencia cognitiva. El personaje de Satán y la pubertad se sirven de este traspaso de ideas hacia la independencia, el niño suele obedecer a sus figuras de autoridad igual que los ángeles obedecen a Dios simplemente por ser creados por él, En cambio todo trasciende hacia la cuestión de “¿Por qué obedezco?”, “¿Quién soy?” avanzada la edad de uno, a causa de los cambios personales provocados por la pubertad y el desarrollo intelectual. Satán hace un trabajo similar a este, cuestiona la práctica de Dios y su razonamiento detrás de dominar el universo en su totalidad, incluso si anteriormente era su seguidor más fiel, su mano izquierda. En su intento de independización, al igual que los adolescentes nos empezamos a volver cada vez más independientes en nuestras elecciones y tareas diarias, Satán intenta forzar su perspectiva opuesta a la de Dios a través de la guerra. Como adolescentes, en muchos casos al intentar dialogar mayor independencia o diferenciarse de las ideas de las figuras que antes representaban la verdad absoluta, causan conflictos de intereses, llevando a la frustración, el enfado, el desdén… Una vez que se lee entre las líneas el comportamiento que toma Satán ante esta situación, no es más que el yo adolescente. Tras la aplastante derrota de Satán ante las legiones celestiales es enviado hacia un vacío, carente de cualquier fuente de luz sostenible, más bien una eterna oscuridad visible (Libro I, verso LXIII: “No light, but rather darkness visible”). En introspección de la perdición de Satán, lo podemos enlazar con el cuestionamiento de la existencia y el vacío que produce adentrarse en los abismos de uno mismo, lo que nos puede dirigir al deterioro mental de un adolescente al no ser capaz de encontrar su identidad, lo que causa esta sensación engrandecida de perdición. Posteriormente se funda el Pandemónium, un panteón en el que todos los ángeles caídos se reúnen y tienen a Satán como figura referente, separándonos de la secuencia de acontecimientos siguientes, la concepción de que el demonio haya fundado un nuevo reino con su séquito de ángeles que concuerdan con su rebelión puede tener una interconexión, usando las relaciones humanas como factor contemplativo, con la familia escogida de los adolescentes; los amigos o compañeros hechos en el camino que no tienen una conexión directamente sanguínea ni biológica, el único fundamento de unión es la confianza y lealtad depositada por ambas partes. Avanzando por los libros de la épica, Satán visita el Edén por primera vez, un producto divino impoluto repleto de inocencia. Esto le hace dudar, cuestionar si su expulsión de los cielos realmente valió la pena, pero ya no puede volver a cómo era antes ya que el infierno ahora forma parte de él, más bien, él mismo es el infierno, por lo que será eternamente castigado por la autoridad divina. La cuestión filosófica de la libertad se plantea aquí, el existencialismo de Satán es cuestionado por sí mismo al meditar el pesar de existir. Desde aquí la muerte de la inocencia ante la concienciación de la trascendencia ideológica que existe más allá de Dios es lo que prima en Satán, tienta a Adán y Eva consecuentemente para eliminar su inocencia del mundo. El descubrimiento sexual y la agonía de abandonar el Paraíso los consume por dentro. Su tentación y expulsión sirve fielmente a la alegoría del arduo camino de la adolescencia y la madurez, un libro de propósito didáctico- religioso que no hace más que expresar el deseo irracional y adolescente de adquirir la libertad. Me conmueve profundamente.
Hierba mora
Nombre: Lucía Martínez Chillón
Curso: 4º ESO C
Centro: IES La Sagra (Huéscar, Granada)
A veces me pregunto qué entendemos por mujer, ¿silencio reprimido?, ¿ruido y palabras alborotadas sin sentido? O quizás, desde unos ojos más jóvenes, entendemos ser ternura, crear y sentir, buscar belleza y serla también, y no callar, no callar nunca.
Teresa Moure nos enseña un hogar, nos enseña a tomar un té de hierbas después de recoger la mesa y haber lavado los platos, reunirse entre mujeres para contar lo que hace una o hace la otra, o a veces sentirse incomprendida por todos alrededor tuya, tanto como sentir envidia porque la vecina tiene esto y yo no.
Inés no recibía cartas de un filósofo ni debía ocultar todo aquello que sentía, pero sí que creció entre mujeres que le enseñaron a cómo apañárselas, a cómo no dejarse llevar por las malas lenguas, sino por lo que dice el corazón. A pesar de que estas se dejaban llevar por el deseo de sentir, de seducir, gozar, acicalarse, y hablar, parlotear, irse por las ramas y crear, inventar, seguían siendo acusadas de brujas, adúlteras o “esposas de”.
Ella no se dejó tan fácil, ni se enamoró de un filósofo, ella se enamoró de la filosofía y de todas aquellas ideas puestas en común por Descartes, y por ellas, que formaron parte de su vida, porque ¿quién iba a hacerle reflexionar a él, que solo reprimía sus sentimientos, sino fueron ellas, que entraron a su vida, a su mundo, tirando la puerta abajo? Apuesto que giraron los engranajes de la confección de su lóbulo frontal, y sus palabras enmarcadas en tinta se tuvieron que ver mínimamente condicionadas por la experiencia compartida con estas dos almas, estas dos mujeres.
Andrade nació en una casa llena de barullo, mucha habladuría e intuición femenina, creció entre instintos maternales y protectores, que si una me cura el mal de amores, entonces yo le ayudaré a conquistar a aquel joven tan guapo. Se podría decir que el aburrimiento en aquella casa no era algo de lo que se tenía constancia. Al contrario de la reina Christina, que tan sola se sentía en aquellas paredes vacías que retumbaban puro silencio en los días lluviosos de Suecia. Ella tenía un gran palacio, comida para hartarse y hombres para empacho, pero no una casa llena de amor, de piropos al aire constantes o de caricias y mimos infinitos.
Las aguas de río corrían constantemente y nunca eran las mismas, había días que el ceño fruncido y la frente arrugada era todo lo que veías, otros una larga sonrisa de oreja a oreja y, a veces, un nudo invisible evitaba a estas aguas descarrilar por aquel rostro. Y nadie la entendía, a Hélène tampoco, que por eso se alejó de todo, se encerró en sus polvorientos recuerdos y en sus ganas de conocer. Ambas encontraron refugio en acordarse de la otra cuando un papel un poco arrugado y mojado por el largo tiempo llegaba a manos de una, eso que se llama carta, porque qué vacío se siente imponer un nombre tan plano a una acción tan tierna, o, a veces tan nostálgica. Estoy segura que Andrade tuvo que sentir una pizca de tristeza y desahogo en hallar estos escritos (por no decirles cartas) en lo más profundo de su acogedor hogar, en el desván.
Aquella ambición de encontrar una manera en común de ver el mundo, un lenguaje universal, así como buscaba Hélène, no fue más que una idea perdida entre sus enredados pensamientos, porque varios varones ya habían dilucidado eso, y ser ella la que añadiese su reflexión estaría de más, por ser ella, y no él. Aún así, las tres mujeres protagonistas de esta historia, de una manera un tanto poética pero realista, consiguieron hallar una forma de creer en la vida, de verla de manera distinta. Gracias a los libros, a la ilusión e inteligencia, a esas risas provenientes del vientre, a la compañía y al arte de ser, de existir y de querer ser vistas, de querer dejar algo atrás después de morir.
Y es que, a dónde va todo eso que se quedó en silencio, que no salió de la boca de ellas, no por deseo, sino por imposición. Rodeadas de impotencia y vulnerabilidad, una vez más. Porque todo aquello de lo que no se permite tener constancia está condenado a caer en el olvido. Por eso ellas son mujeres y no callan, no se dejan estar en silencio, ni yo, ni tú tampoco deberías hacerlo, porque ¿qué hay de bello en la vida si no expresamos aquello que sentimos, si no hacemos y somos arte, guiados por la pasión y el amor?
Leer siempre me ha parecido una oportunidad para ver más allá de lo que mis vivencias me permiten, haciéndome posible el ponerme en una posición en la que quizás nunca esté. El título de Hierba Mora por sí solo nos aconseja adentrarnos en esta experiencia repleta de preguntas a las que tú les pones respuesta.
Sur
Nombre: Lucía Vallejo Merino
Curso: 4° ESO
Centro: IES Emilio Prados (Málaga)
¿Qué harías si todo por lo que has luchado, todo aquello con lo que has soñado durante años, se desmoronara ante tus ojos? No de golpe, no en un instante dramático, sino lentamente, día tras día, mientras observas cómo el hielo tritura tu barco, cómo el frío se lleva tus provisiones, cómo la esperanza se vuelve más frágil en los ojos de los hombres que pusieron su vida en tus manos. ¿Qué harías cuando te das cuenta de que ya no se trata de alcanzar la gloria, sino simplemente de que esas personas vuelvan a abrazar a sus familias?
Yo no sé qué haría, pero Ernest Shaketon, el 21 de noviembre de 1915, le dijo a sus hombres: “Tengo dos noticias, una es buena y otra es mala: la mala es que nuestro barco se ha hundido, la buena es que volvemos a casa”. Ya no eran exploradores, eran un grupo de hombres decididos a sobrevivir, y Shackleton lo dejó clarísimo desde ese instante.
Ernest Shackleton partió el 5 de diciembre de 1914 con un objetivo: cruzar la Antártida de costa a costa, pisar donde nadie había pisado, dejar su nombre grabado en la historia de la exploración. Nunca lo logró. El Endurance, su barco, quedó atrapado entre dos implacables placas de hielo del mar de Weddell. Durante meses, lo único que pudieron hacer fue quedarse ahí observando cómo el océano congelado se cerraba milímetro a milímetro deformando el casco del barco. Sólo quedaba una pregunta: ¿cómo salimos de aquí?
Cuando el Endurance finalmente se hundió, destrozado por el hielo, Shackleton no pensó “perdí mi barco” o “mi sueño murió ahí, entre témpanos de hielo”. No. Pensó sobre qué salvar del naufragio, cómo organizar el campamento sobre el hielo flotante, cómo mantener a los hombres ocupados para que no se derrumbasen mentalmente. Sobre cómo ser un líder cuando ya no tienes nada que ofrecer excepto tu propia convicción de que vale la pena seguir intentándolo.
Hay una frase en el libro que me persigue desde que la leí. Cuatro palabras que no puedo sacarme de la cabeza: “El desastre no admite espectadores”. Piensa en eso un momento. De verdad, detente y piénsalo. Cuando todo se derrumba, cuando tu vida, tu trabajo, tu proyecto se viene abajo, no puedes quedarte paralizado mirando las ruinas. No puedes permitirte el lujo de lamentarte, de preguntarte dónde empezó todo a salir mal, de culparse o culpar a otros, de quedarte sentado esperando que tus problemas desaparezcan o que alguien venga a rescatarte. No hay espectadores en el desastre. Solo personas que actúan o personas que se hunden.
Si me preguntas por qué he elegido este libro entre tantos, te pediría que te imaginases esto: Shackleton consiguió llegar a Georgia del Sur el 10 de mayo de 1916 después de 16 días cruzando el océano más salvaje del planeta en un bote de 7 metros. Llegó destrozado físicamente, exhausto, al igual que los 5 de sus hombres que le acompañaron. Vivos de milagro. Tenía todas las excusas del mundo para quedarse en tierra. Nadie le habría culpado por descansar y mandar a otros. Pero, sabiendo lo que había sufrido y lo que sufriría de nuevo en el camino, sabiendo que su cuerpo no podía más, dijo: “Necesito un barco.Tengo hombres esperando”. Porque lo prometió. Les dijo “volveré a buscaros”, y para Shackleton una promesa no eran solo palabras. Era un pacto sagrado. Eso, para mí, es la verdadera lealtad.
Me gusta pensar que todos llevamos un Shackleton dentro. Que en algún lugar de nuestro interior hay alguien capaz de volver a por los suyos aunque le cueste todo. Alguien que no abandona. Alguien que está para lo bueno y para lo malo. Alguien que cumple su palabra incluso cuando nadie le culparía por no hacerlo. Sin embargo, la pregunta no es si lo tenemos, la pregunta es si tendremos el valor de dejarlo salir cuando llegue el momento. Es un libro que nos invita a mirar nuestras “antártidas” personales y preguntarnos: ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar? ¿quiénes somos de verdad cuando nadie está mirando?
Este libro me ha cambiado la forma de pensar sobre el éxito y el fracaso de una manera que no esperaba. Shackleton no cruzó la Antártida. No entró en los libros de historia como el primero en llegar al polo Sur. Perdió su barco. Perdió su sueño. Perdió años de su vida. Fracasó en todo lo que se había propuesto hacer. Y sin embargo, su historia es más inspiradora, más “humana” que la de muchos exploradores que sí lograron lo que se propusieron. Porque nos enseña algo que necesitamos aprender en este mundo obsesionado con el triunfo a toda costa: Que, a veces, lo más valiente que puedes hacer es cambiar de objetivo. Eso no es rendirse, es madurar. Es saber cuándo debes parar. Es entender que hay cosas más importantes que tu ego, tu ambición y tu necesidad de ser recordado.
Vivimos en un mundo que celebra a los que llegan primero. A los que rompen récords. A los que ganan, cueste lo que cueste. Y aquí está Shackleton, que perdió en todos esos términos, y, sin embargo, su legado es infinitamente más valioso, porque nos enseña que la verdadera grandeza no está en conquistar territorios ni alcanzar metas imposibles, está en no soltar la mano de quién camina a tu lado, incluso cuando el suelo desaparece.
Cerré Sur sabiendo que acababa de leer algo más que una aventura antártica. Shackleton escribió “Los hombres buscaban un líder, y lo encontraron en mí”, y esa frase resume todo lo que admiro de este libro: no es la historia de una expedición que fracasó, sino de un liderazgo que triunfó. Y eso es lo que Shackleton nos regala en cada página de este libro tan extraordinario.
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